Elecciones a la Presidencia de Francia

Todo se juega hoy (y 15 días después)

Según quien gane las elecciones, imágenes como ésta de atentados islámicos en París se dejarán de ver... o se seguirán viendo (según se corte o no el mal en su raíz).

Nunca se habían visto elecciones parecidas. Aquí en Francia los sondeos dejan a todo el mundo sumido en la incertidumbre: nadie se decanta por nadie.
elmanifiesto.com    


PARÍS, 22 DE ABRIL. DE NUESTRO DIRECTOR.- Nunca se habían visto elecciones parecidas. Aquí en Francia los sondeos dejan a todo el mundo sumido en la incertidumbre: nadie se decanta por nadie. Y cuando hablo con mis amigos franceses, sucede lo mismo. No he encontrado a uno solo que se atreviera a darme, por arriesgada que siempre sea, la menor intuición personal.
“Tout peut arriver”, se limitan a decirte mientras se encogen de hombros: “Todo puede ocurrir”.
Y “todo” significa cualquiera de las principales combinaciones entre los cuatro grandes candidatos: Marine Le Pen, por el Frente Nacional, la candidata en la que están puestas tantas esperanzas, tanto en Francia como en el mundo entero, pero que no ha hecho una buena campaña: de un 27% de votos ha caído a un 22% en cuanto a su expectativa de votos (siempre según las encuestas, claro está); François Fillon (que parece estar no estar demasiado dañado por las corruptelas descubiertas al comienzo de su campaña), por parte de Los Republicanos (una especie de PP, para entendernos y salvando todas las distancias): un liberal del Sistema que intenta atraerse el voto católico y conservador; Emmanuel Macron, máximo representante del liberalismo globalizador y pro inmigracionista, antiguo ministro del gobierno socialista, del que dimitió para ir por libre, lo cual ha contribuido a segar la hierba bajo los pies de Benoît Hamon, candidato de un partido socialista a la deriva, con riesgo de salir hecho trizas de estas elecciones y al que nadie le concede la menor posibilidad; y cierra la lista Jean-Luc Mélenchon, el millonario progresista y populista de izquierdas que hace las delicias de Podemos, aunque ya quisiera uno que Podemos adoptara las posturas relativamente moderadas de Mélenchon en materia inmigracionista y, sobre todo, su rechazo del globalismo político encarnado en Europa por la mercantilista y burocrática Unión del mismo nombre.
Resumiendo: todos los sondeos están dando a los cuatro candidatos unas expectativas de voto situadas en torno al 20%, punto más, punto menos. (Adelanto una hipótesis: aparte de intentar minar el ánimo de los votantes de Marine Le Pen, ¿no será que, habiéndola pifiado como la han pifiado en tantas y tan sonadas ocasiones, las empresas sondeadoras han decidido no mojarse y dejarlo en unas cotas que, en cualquier caso, no representarían ningún fiasco para ellos?) Pese a su mala campaña (ni siquiera el último atentado islámico en los Campos Eliseos habría hecho modificar las cifras), Marine Le Pen sigue encabezando casi todos los pronósticos (alguno, sin embargo, la descarta), aunque con diferencias mucho menores respecto a sus seguidores. Por ello, todo el mundo está casi seguro de una cosa: ya sea en primera posición o en segunda, la visión identitaria y popular de la “cosa pública” —o, dicho con otras palabras, de nuestro destino— va a pasar a la segunda vuelta. La cuestión es: ¿quién la acompañará? Puede ser cualquiera de los otros tres.
En cualquier caso, quedan ya pocas horas para que se alce el telón y se aclare lo que puede ser —o no…— una hora decisiva en la vida no solo de Francia, sino de todos nosotros.
Pase lo que pase, París, envuelto en su luz de nostalgia y esplendores, seguirá siendo de todos modos tan íntimo y majestuoso como siempre. Hasta que los musulmanes, si nadie lo impide, acaben con todo.
J. R. P.