En el marco de la liberación de Alepo

Rusia: ese "pequeño país"… de mayor inteligencia


Los rusos no son los más fuertes en el plano militar. No disponen ni de la décima parte de la proyección exterior con que cuenta EE. UU. Pero si los medios de los rusos son modestos, saben utilizarlos.
Bruno Guigue    


Barack Obama acaba de declarar que Rusia es “un pequeño país que no produce nada, que exporte petróleo, gas y armas (...), un país que no innova”. Es cierto, Rusia no pretende alcanzar la hegemonía en el plano económico. Conoce perfectamente sus límites. Pero no roba el petróleo y el gas de los demás países fomentando en ellos la guerra civil, como los occidentales lo han hecho en Libia. No siembra el caos en el extranjero con el hipócrita pretexto de los derechos humanos. No invade o no desestabiliza ningún Estado soberano, no financia ninguna organización destinada a derrocar poderes. Interviene en Siria por solicitud del gobierno legal del país, y se enfrenta a los terroristas en lugar de suministrarles armas al tiempo que pretende combatirles.
Los rusos no son los más fuertes en el plano militar. No disponen ni de la décima parte de la proyección exterior con que cuenta EE. UU. En plena modernización desde hace una década, su aparato militar sirve para proteger el inmenso territorio de la Federación. Su estrategia es defensiva, no ofensiva. Tienen dos bases militares en el extranjero, mientras que EE. UU. tiene 725. Los rusos no se dejan pisar, pero tienen sentido de la medida. Es la OTAN, y no Rusia, la que ha relanzado la carrera de armamentos al desplegar un escudo antimisiles. Se acusa a Rusia de ser una amenaza para la paz, pero su presupuesto militar (48.000 millones de dólares) es inferior al del Reino Unido (53.000 millones) y representa el 8% del de EE. UU. (622.000 millones).
Pero si los medios de los rusos son modestos, saben utilizarlos. No tienen necesidad de emplear medios colosales para lograr sus objetivos: les basta hacerlo con conocimiento de causa. En un mes, sin un solo disparo, Crimea volvió a la madre patria. Los occidentales deberán acomodarse a ello. Es definitivo. Los rusos también han ganado la partida en el escenario sirio. En un año, la intervención rusa ha detenido la ofensiva de los mercenarios promovidos por las potencias occidentales. Al cabo de una feroz lucha de 30 días, la liberación de Alepo, segunda ciudad siria, da paso a la restauración íntegra de la soberanía siria.
Con 5.000 hombres y 70 aviones, Moscú ha logrado modificar la correlación de fuerzas. Ha desbaratado los planes del “cambio de régimen” diseñados por Washington y lanzados en 2011 con ocasión de ls “primaveras árabes”. Con la derrota de las bandas armadas de orientación wahabita, los aprendices de brujo de Occidente acaban de recibir su merecido. Ello explica, sin duda, la amargura de un presidente norteamericano en el momento de hacer sus maletas para dar paso a un sucesor que quiere retomar el diálogo con Moscú. ¡Qué bofetada! Lo cual demuestra que no basta con llenar los mares de portaaviones para influir en el curso de los acontecimientos. Los occidentales no han comprendido o querido comprender nada de lo que sucedía en Siria. Esos arrogantes predadores han perdido la partida.
Ese “pequeño país que no produce nada” habrá dado una lección de humildad a unos yanquis que se tomaban por genios de la geopolítica. Adosada a una China que es la potencia en auge, Rusia habrá abierto la posibilidad de instaurar un mundo multipolar. Los norteamericanos se creían que llevaban la voz cantante, pero se han quedado afónicos. Les va a tocar admitirlo. Si los rusos ganan la partida a los occidentales, no es porque sean más fuertes. Es sobre todo porque son más inteligentes. Comprenden el mundo que les rodea con mayor fineza. Captan mejor las inflexiones de lo real. Tienen esa acuidad de la mirada que detecta el punto de inflexión, el lugar y el momento en el que hay que actuar para influir mejor sobre los acontecimientos. Resulta costoso subestimar el país de Tolstoi y Dostoievski. Una cultura milenaria le ha enseñado a tener paciencia. Una historia trágica le ha dado el sentido de las realidades.
Es de lo que más adolecen los norteamericanos. ¿Puede al menos Barack Obama comprender lo que ocurre? EE. UU. son los medios de la civilización que se toman por la civilización. Su experiencia histórica demuestra que un PIB colosal no significa siempre una mayor perspicacia. Ninguna ley física permite que la potencia materialse transforme, por arte de birlibirloque, en inteligencia estratégica. Los yanquis se creen superiores, y este sentimiento de superioridad les ciega. Piensan que su creencia en su propia superioridad es compartida por los demás. ¡Qué ilusión! El “momento unipolar” inaugurado por la caída de la URSS no es el “fin de la historia”, sino un paréntesis que ahora se cierra. Un pequeño país que no produce nada se ha encargado de cerrarlo con doble candado.