''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Miércoles, 23 de agosto de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
Desventuras sufridas por un progre solidario
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella


SERTORIO
Los bolardos

JESÚS LAÍNZ
La guerra que Occidente no podrá ganar

JAVIER R. PORTELLA
¡A por los (verdaderos) culpables!
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Editar un libro
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
De profesión, paridora


La mujer proletaria, dueña de su cuerpo y, más o menos, de su prole, ya no tiene porqué ser tan dueña de su prole ni de su cuerpo. Puede alquilarse.
José Vicente Pascual

9 de febrero de 2017
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JOSÉ VICENTE PASCUAL


En las economías esclavista y feudal, los proletarios (del latín proletarius, derivado de proles), sólo eran dueños de su cuerpo y su descendencia. Por eso los hijos venían al mundo con un pan bajo el brazo: a los seis o siete años ya se les podía poner a trabajar. Las niñas y las mujeres lo tenían un poco más complicado. O se quedaban en casa a faenar, cumplir en el lecho y fabricar prole, o se dedicaban a la mala vida. Eso sí, eran dueñas de su cuerpo, como todos los proletarios que en el mundo han sido.
El capitalismo, por aquello de que venía bendecido por la revolución ilustrada, los derechos humanos y el bla, bla del progreso, adornó un poco la situación. Además de dueños de su cuerpo y su prole, los peones de la historia tenían derecho a cambiar de residencia cuando quisieran (ya no pertenecían a la tierra, como los arados y los sacos de trigo). Podían establecerse por su cuenta e incluso soñar con pequeños ascensos en la escala social. El amo les pagaba dos cobres por su trabajo, y allá te las compongas: busca techo, compra ropa y alimentos para tu familia, cuida de la salud y educación de los tuyos. Ahorra si te atreves, Sé libre. La libertad, ante todo.
Cuatro siglos de ilustración y libertad, de conquistas sociales, desembocan hoy (qué oportuno) en el debate sobre las madres subrogadas, lo que desde hace tiempo se conoce como “vientres de alquiler”. La mujer proletaria, dueña de su cuerpo y, más o menos, de su prole, ya no tiene porqué ser tan dueña de su prole ni de su cuerpo. Puede alquilarse. Puede subrogar su capacidad de concebir y parir. Puede traer hijos al mundo para disfrute de parejas necesitadas (heterosexuales o de la alegre muchachada LGTB, no discriminemos) que estén en condiciones de pagar el capricho.
Muy digna no suena la cosa, ni que se presente como pura transacción comercial ni que se introduzca eufemísticamente la excusa de parir para terceros de manera “altruista”. Cuando esté aprobada la ley, ya verán ustedes cuántas paridoras altruistas aparecen de la noche a la mañana. Lo que se mueva por debajo de la mesa… Eso ya es asunto entre particulares.
Aunque no sé qué hago yo hablando de estos asuntos, pues ni soy mujer ni lo he sido nunca. Ellas paren, ellas deciden. Lo lógico: acabarán decidiendo (porque ley va a haber: al tiempo) que están en su derecho de dejar de decidir sobre su cuerpo y prole. Así son el progreso y el libre mercado. Y la necesidad, que aprieta lo suyo.
La mujer paridora profesional es el nuevo/antiquísimo paradigma de la especie sometida. Para este fin de viaje y estos resultados, no hacía falta tanto ruido ni tantísimas alforjas. Ya lo dijo quien lo dijo: maldita, insensata idea la de acabar con el Imperio romano. En tiempos de los césares, sólo un valor no se podía arrebatar a los esclavos de nacimiento o por captura: la dignidad. Veintiún siglos más tarde, hay que admitirlo: la dignidad era verde y se la comió un burro. Y ni siquiera recordamos ni nos apetece recordar cuando sucedió el percance.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
viernes, 10 de febrero de 2017

¿ingenuidad o tergiversación?

¿o sea, si tienes una casa, y la alquilas, dejas de ser dueño?

# Publicado por: luciano tanto (salta)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de José Vicente Pascual
La aventura de lavarse el culo en Cuba
De putas y de idiotas
La hegemonía cultural de los progres en España
Por qué Le Pen no ha ganado en Francia
El Yunque
Cervantes, inventor del doctor Watson
Por un voto una petaca
"1984" revisitado (otra vez y las que hagan falta)
El político que amaba la poesía... y a su Princesa Roja
España al fin existe
A propósito de huesos
Una raya en una pizarra
Los peperos la emprenden contra los pobres. Los socialistas y comunistas, contra los moribundos
Los dientes del espíritu
Excalibur
Ahora no Podemos
¡Usted no es demócrata, oiga!
Creyentes
Ébola
¿Cuándo se jodió España, Zavalita?
Master Class
Ana María Matute, la última princesa
Los otros 364 días del libro
Proletarios del mundo
Rusia 1 - LosDemás 0
Derecho al propio cuerpo
Adiós a Facebook y todo eso
La estatua
Los nombres de la cosa
Retrato aproximado de un majadero contemporáneo
La salida a un callejón sin salida
Lo que nos une y lo que no nos separa
Navegando otra vez
Un rey para las porteras
Chapuzas en el Oasis
Rusia, los gays y todo lo demás
Por qué España será gobernada por Evo Morales o alguno que se le parezca
Demasiadas transiciones para una generación
Diez veces NO para un escritor principiante
Cataluña, cara y cruz de la radicalización
"1984" revisitado
Orwell y el "socialismo democrático"
Tiempos bizantinos
El hombre que compraba gigantes
Tecnoflautas
"El Pasmao" y los pasmados
La izquierda insostenible
El gato y el cascabel
La Estupidez Universal
Decálogo para pequeño burgueses
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 SERTORIO
Inevitable
2 JAVIER R. PORTELLA
¡A por los (verdaderos) culpables!
3 Aquel niño sirio y este niño europeo
4 Pagamos a nuestros asesinos
5 JESÚS LAÍNZ
La guerra que Occidente no podrá ganar



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |