''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Sábado, 25 de febrero de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

JESÚS LAÍNZ
Los vascos en el 98: lo que nunca se recuerda

JAVIER R. PORTELLA
¿Existe un populismo de izquierdas? El caso de Podemos

JOSÉ VICENTE PASCUAL
De profesión, paridora
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
COMUNIDAD
La salvación de la cultura europea. ¿A través de la comunidad o de la individualidad?


¿Por qué resignarse a pensar los signos de nuestra decadencia como anuncios fatales de nuestra desaparición? ¿Por qué no concebirlos como un síndrome pasajero en una fase de más amplio vuelo?
elmanifiesto.com

10 de enero de 2017
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos


Muchas veces Fernando Sánchez Dragó nos ha honrado reproduciendo artículos de este periódico en su Blog
Dragolandia de El Mundo. Hoy nos toca cambiar las tornas reproduciendo la carta que le dirigió un lector y a la que él contesta con un texto algunos de cuyos puntos comento a mi vez.

Así dice el anónimo corresponsal de Dragó
No creo en la inevitabilidad de la decadencia spengleriana del organismo europeo. Los signos que repetidamente han dibujado la secuencia crepuscular de una cultura y que se toman ahora como modelos anunciadores de la nuestra son realidades puramente históricas. La historia no se repite sin variaciones, no produce moldes idénticos ni exactitudes; principios y semejanzas pueden pervivir, y ahí radica la virtud de su aprendizaje, pero no más. ¿Por qué resignarse entonces a pensar los signos de nuestra decadencia como anuncios fatales de nuestra desaparición? ¿Por qué no concebirlos en esta ocasión como un síndrome pasajero en una fase de más amplio vuelo? Ciertamente, un elemento de mera voluntad está implicado en una especulación como ésta. Pero ¿no es precisamente la voluntad uno de los componentes de lo fáustico europeo? El fenómeno de la cultura cuenta también entre sus rasgos con un elemento espiritual energético inaprensible, del que difícilmente puede predicarse su agotamiento definitivo. ¿Resurgirá reanimando el pulso vital orgánico? No ha mostrado aún toda su virulencia lo que nos corroe; no hemos sido llevados todavía a término. En ese último estadio de nuestra agonía se verá si estamos dispuestos a hacer lo necesario para vencer las degeneraciones que sofocan la vitalidad, la libertad creadora, la metafísica, la energía conquistadora y auto-conquistadora del hombre europeo. Tales degeneraciones, de gran potencialidad totalitaria son, por un lado, la igualdad como propósito de la política y el concepto de voluntad general como su instrumento (frutos del pensamiento de Rousseau y obra de la Revolución francesa) y, por otro lado, la ausencia de trascendencia, la (in)trascendencia del hombre europeo desde el tránsito a la Modernidad. Cómo ignorar, por grande que sea la censura y la represión que se abaten sobre las libertades de conciencia, pensamiento y expresión que la sustitución progresiva de nuestra población por la inmigración masiva es el desafío definitivo que mostrará a la postre si nuestra cultura merece perecer...
Queremos estar presentes en ese último trance para que frente a una desaparición silenciosa se imponga la lucha y podamos preñar la cultura europea con un principio que partiendo de lo primitivo y vital mágico condense y supere lo apolíneo y lo fáustico y nos devuelva a una fase de crecimiento. Nada está escrito.
Queremos una Europa de la más alta cultura. Convertir el pensamiento en acción política, en un aliento sencillo que recorra las venas del continente europeo aquí y ahora...; ése es un cometido vital que bien merece perseguirse por todos los medios.
 

Y así responde Dragó
Estimado XXX: perdone la demora en hacerme eco del escrito que me entregó. La verdad es que, desde entonces, y así seguirá siendo hasta mediados de junio, he andado atareadísimo, de ciudad en ciudad, de entrevista en entrevista, de columna en columna, de conferencia en conferencia. Su carta, por otra parte, no es de las que se despachan en unas líneas. Dice en ella muchas cosas. Con la mayor parte estoy de acuerdo; con otras, no... Por ejemplo: todas las personas son individuos, pero no todos los individuos son personas. Persona sólo es, a la manera platónica, quien aprovecha su paso por la vida para construir el alma, y eso muy poca gente lo hace.
Yo no soy zoon politikon, aunque sí animal cordial. La polis no me interesa. No siento ninguna identificación con grupo alguno. Vivo o intento vivir marginado de y por la sociedad, aunque no desarraigado. ¿Qué es eso del pueblo? Una entelequia. El pueblo no existe, y en todo caso yo no admito ninguna responsabilidad en lo relativo a él. Eso es judeocristianismo: la mayor catástrofe de la historia universal y el caldo de cultivo de ese doble genocidio que es la izquierda y la progresía.
La libertad nunca es colectiva. Nada es colectivo o nada debería serlo.
Mi postura es la del Cándido de Voltaire: cultivo mi huerto. Hace ya muchas, muchas décadas que dejé de luchar por la redención del prójimo. De los míos, sí que cuido. Son mi huerto. Pero de nadie más. Y de España, o de cualquier patria, menos. Ni la condición humana ni la ibérica son cosa mía.
Me envió usted un correo electrónico que desapareció misteriosamente en las tripas de internet. Me llevo muy mal con la tecnología. Apenas sé utilizarla. ¿Sería usted tan amable de volver a enviarme ese correo?
Estas líneas no son un punto final. Al contrario. Lo son de comienzo de una relación epistolar y acaso personal que, en lo que de mí dependa, puede y debe proseguir. Le envío un saludo afectuoso.
Posdata - Todo esto se remonta a mayo de 2015. Hubo otras cartas. Basten estas dos como muestra. Cuando era joven creía que la vida era el arte del encuentro. Luego dejé de creerlo, pero a veces, como en esta ocasión, lo sigue siendo.

Y aquí van mis acotaciones
“No soy zoon politikon”, dice Dragó. “No soy zoon politikero”, querrá tal vez decir, porque “animal político”, animal cuya animalidad se hace humanidad al hallarse emplazado, entre otras cosas, en el espacio público que los griegos denominaban polis, desde luego que Dragó, como todo quisque, lo es. Tanto si le gusta como si le disgusta, tanto si la polis le interesa como si se la trae al pairo. De lo contrario, sin polis, sin colectividad, sin comunidad, ni siquiera podría hablar, ni siquiera poseería esa creación —“aparición”, sería mejor decir— anónima y colectiva que es el lenguaje. Entre tantas otras cosas, por supuesto.
¡Cielos! ¡Esa manía rousseauísta y moderna del Individuo que lo puede todo, que lo hace todo a su guisa y capricho, del Individuo que existe por sí solo, del Individuo cuyos átomos adicionados conforman, en un segundo momento, firmado el dichoso Contrato, esa cosa derivada que se llama “sociedad”!
¡Si de ahí provienen todos nuestros males!
Esos males que Dragó, dejando de lado su desdén por lo colectivo, es por lo demás el primero en denunciar. Como cuando ataca los desmanes causados en Venecia por los rebaños turísticos, como cuando celebra lo que representa la victoria electoral de un Donald Trump, como cuando reproduce la carta, publicada aquí, de un obrero que denuncia la degradación que en los barrios populares ha causado la inmigración de asentamiento…
Lo cual no significa, es cierto, “luchar por la redención del prójimo” que, con buen criterio, denuncia Dragó. Ello significa luchar ante todo por la redención de uno mismo: por esa salvación que sólo puede pasar por la purificación del aire que a todos nos envuelve y todos respiramos.
Javier R. Portella


¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
martes, 17 de enero de 2017

individualismo dentro de la comunidad

Parece que son cosas opuestas el individualismo y la comunidad... Yo creo que la comunidad, que es lo que nos quieren robar primero para después seguir con el individualismo, y este último están estrechamente relacionados. No puede haber una comunidad sana y fuerte sin individuos sanos y que asuman el liderazgo de dicha comunidad. La comunidad es la raza, y en menor medida la religion, el idioma, la etnia, el terruño que compartimos... Etc y tenemos que defender esa comunidad, para dentro de ella poder expresar libremente nuestra individualidad. Lo de la religion judeo-cristiana, no es de esclavos... Al contrario... Nuestra cultura es grecorromana con humanismo cristiano es lo que ha hecho grande a Europa, grande y libre, y más que algo que hemos aprendido yo creo q va en nuestro ADN; solamente que ha habido filósofos, pensadores y líderes que le han dado una estructura para poderlo definir y expresar... Y la prueba es que quienes pretenden destruir Europa no les basta con tener controlada la universidad y los medios de comunicación; para someter al europeo han de diluir su raza, y si no pueden han de intentar destruirlo.

# Publicado por: Requiario (Madrid)
viernes, 13 de enero de 2017

El individuo primero, por favor.

El individuo está por encima de la comunidad, salvo excepciones. Y como diría Oswald Sprengler, al final va a tener que ser un pelotón de soldados el que salve en última instancia a la humanidad.

# Publicado por: Españolito (Granada)
jueves, 12 de enero de 2017

LIBERTAD POLÍTICA COLECTIVA

Sin libertad politica colectiva no se entienden las individuales: no soy libre si tú no eres libre.

# Publicado por: el Blues (Madriz)
miércoles, 11 de enero de 2017

Añado

JRP: ´´sin polis, sin colectividad, sin comunidad, ni siquiera podría hablar, ni siquiera poseería esa creación ´´aparición´´, sería mejor decir anónima y colectiva que es el lenguaje.´´

Y sin lenguaje sería imposible para FSD y para cualquiera esa construcción de la propia alma en la que consiste -como dice él con razón- ser persona.

# Publicado por: Osvaldo (Madrid)
martes, 10 de enero de 2017

Falacias neoiliberales

Qué buena la cita de Pessoa. Hay alguna otra que ´´clava´´ la cuestión de Dios: ´´Dios es que existimos y que eso no sea suficiente´´.
Respecto a lo de cultivar el propio jardín, no veo la incompatibilidad con la defensa de lo comunitario. Nadie está hablando aquí de la redención del prójimo. Dragó usa siempre este tipo de falacias neoliberales, como las de Hayek que Esparza desmonta una por una en alguno de sus ensayos. Los ex marxistas reconvertidos en neoliberales no son buenos compañeros de viaje en la ND ni en la AR. Lo único que van a hacer es boicotear y confundir.

# Publicado por: Derechón (Ciempo)
martes, 10 de enero de 2017

LA ESCISIÓN DEL HOMBRE MODERNO

Inmanencia frente a Trascendencia. Individualismo contra Comunitarismo.

Doy la palabra a Fernando Pessoa. Inútil y pretencioso decir algo más al respecto. Aquí van:

´´Nací en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes había perdido la creencia en Dios, por la misma razón por la que sus mayores la habían tenido sin saber por qué- y entonces, como el espíritu humano tiende naturalmente a ´´criticar porque siente´´, y no ´´porque piensa´´, la mayoría de los jóvenes escogió la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a aquel género de hombres que están siempre al margen de aquello a que pertenecen, no viendo sólo la multitud de la que son parte, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso ni abandoné a Dios tan ampliamente como ellos, ni acepté nunca a la Humanidad. Consideré que Dios, siendo improbable, podría existir, pudiendo por la tanto ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y ni significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier especie animal´´. Libro del desasosiego.

# Publicado por: Gonzalo Esteban (Madrid)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Comunidad
La homofobia progre
Marine Le Pen
El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo (y II)
El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo (I)
Todos al cole
Los periodistas progres apoyan a las multinacionales. Pero sus lectores las atacan
Una aproximación al populismo
Defensa de los populismos
Intrusos en casa y otras impotencias
Mi reputación
Un joven obrero explica su paso de la extrema izquierda al patriotismo de derechas
¿Derechos humanos?
La Reacción
Alt-Right: La Derecha Alternativa estadounidense que llena de pánico al Sistema
La merienda del niño
Carta a mis amigos oligarcas
Insumisión
Trump y los 300 espartanos de las Termópilas
Houellebecq: «Los intelectuales han abandonado a la izquierda»
Izquierda indefinida y hegemonía social
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 Marine Le Pen
2 JESÚS LAÍNZ
Los vascos en el 98: lo que nunca se recuerda
3 La homofobia progre
4 Diálogo entre Ferrer-Dalmau y Pérez-Reverte



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |