''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Lunes, 24 de abril de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella


JAVIER R. PORTELLA
¿Y ahora qué?

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
La guerra de las Galias

FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN
¿A cambio de qué?

JESÚS J. SEBASTIÁN
La(s) Nueva(s) Derecha(s) y el movimiento identitario (I)
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
NATURALEZA
Una hipocresía rampante


Uno de los rasgos más intolerables de nuestra época es la hipocresía rampante, que ya no es aquella hipocresía antañona que exigía dotes de simulación, sino más bien cinismo para adaptarse al medio.
Juan Manuel de Prada

4 de agosto de 2016
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JUAN MANUEL DE PRADA


Uno de los rasgos más intolerables de nuestra época es la hipocresía rampante, que ya no es aquella hipocresía antañona que exigía dotes de simulación, sino más bien cinismo para adaptarse al medio. Pues si en otra época la hipocresía era el homenaje que el vicio le rendía a la virtud, en nuestra época la hipocresía se ha convertido en falsa virtud institucionalizada para que el vicio pueda seguir campando por doquier. Así hasta que la hipocresía ha llegado a ser auspiciada y promovida desde las instancias de control social, a las que no importa tanto la adhesión verdadera a los principios que postulan como un simulacro de adhesión que permita el mantenimiento de la farsa (que es la que, a fin de cuentas,  garantiza la supremacía del Dinero).
Esta nueva forma de hipocresía social se ha convertido en una suerte de clima de época, en el que los hombres de nuestra generación se desenvuelven como peces en el agua. Y adquiere ribetes francamente repugnantes cuando expresa su anuencia a los paradigmas culturales vigentes, contribuyendo a un tiempo a su hegemonía y a su vaciamiento de sentido. Así ocurre, por ejemplo, con el paradigma cultural (tal vez el más hegemónico y vacuo entre todos) del ecologismo, que como todos los ‘ismos’ o subproductos ideológicos modernos, constituye un sucedáneo religioso farisaico. Y que, como ocurre siempre con tales subproductos ideológicos, nos permite defender hipócritamente causas abstractas y a la vez descuidar las causas concretas. Como le ocurría a aquel filántropo de Dostoievski, que cuanto más amaba a la Humanidad en general más aversión sentía hacia el prójimo, la hipocresía ecologista nos permite estar preocupadísimos por las emisiones de gases con efecto invernadero o por la matanza de focas en el Polo Norte, a la vez que mantenemos formas de vida que son una constante agresión a los equilibrios naturales; e incluso podemos presumir de ‘ciudadanos modélicos’ que separan sus residuos según lo exigen las ordenanzas, sin preguntarnos siquiera por qué producimos tantos residuos. Pues, si nos hiciéramos esta pregunta, el andamiaje de nuestra hipocresía se derrumbaría al instante.
Basta contemplar la cámara frigorífica de un supermercado para descubrir cientos de envases de poliespán retractilado que contienen todo tipo de alimentos, desde piezas de fruta hasta filetes. Cargamos estos envases en nuestra cesta de la compra tan campantes, sin preguntarnos por qué unas manzanas, o una pechuga de pollo, tienen que llegar envasadas a nuestras manos; incluso es posible que tratemos de tranquilizar nuestra conciencia convenciéndonos que debe exigirlo algún reglamento u ordenanza sanitaria (nada gusta tanto a nuestra hipocresía como someternos a todas las ordenanzas habidas y por haber). Pero la razón inmediata es bien distinta: vendiendo las manzanas o los filetes de pechuga en un envase de poliespán retractilado, el supermercado se ahorra a un dependiente que nos pese las manzanas o nos filetee la pechuga; y también consigue que adquiramos una cantidad superior a la que verdaderamente necesitamos, obligándonos a un consumo excesivo que evitaríamos si pudiéramos comprar los alimentos a granel. Por supuesto, si los comprásemos a granel potenciaríamos una economía de cercanías, que es la única auténticamente ecológica; adquiriendo alimentos envasados, por el contrario, fomentamos una economía de lejanías, con transportes contaminantes, intermediarios superfluos y la ruina para los agricultores y ganaderos de nuestra comarca. No hace falta añadir que los envases que envuelven superfluamente esos productos acaban en vertederos (a veces en los parajes más remotos del atlas, a veces en mitad del océano) de los que nada sabemos; y así -ojos que no ven, corazón que no siente- podemos mantener viva nuestra hipocresía ecologista.
Claro que mucho menos ecológicas aún que los envases de poliespán son las botellas de plástico de agua mineral, que la hipocresía colectiva ha convertido en el símbolo por excelencia de un estilo de vida saludable. Y es que el anhelo de una ‘vida saludable’ puede también ser la máscara del consumismo más desatado: mientras la población mundial se ha duplicado en los últimos cincuenta años, el consumo de agua embotellada (¡como el de tantas otras cosas!) se ha tricentuplicado, provocando al año casi dos mil millones de toneladas de residuos de plástico. Pero la hipocresía ecologista afirmará que la superpoblación amenaza la continuidad de nuestro planeta; y lo hará durante la celebración de su próximo congreso mundial, en el que -¡faltaría más!- se consumirán miles de botellas de saludable agua mineral.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Naturaleza
Planetas
Todo un día se acabará (y requeteacabará). Mientras tanto…
¡FELIZ SOLSTICIO A TODOS!
¿Qué cultura para el ecologismo?
«En Zimbabue no lloramos a los leones»
Verano de bochorno
¡FELIZ SOLSTICIO DE VERANO 2015!
Soria: 52 millones tirados. Y el medio ambiente destruido
La asombrosa, hermosa, misteriosa Naturaleza
¡Pobres calentólogos! Aumenta el hielo en ambos polos
El ciervo de Llánaves de la Reina
La impunidad de los canallas
Las hembras jóvenes de chimpancé juegan a las muñecas
Quieren cargarse la última playa virgen
Setenil: un pueblo andaluz entre rocas
La magia de la fotografía
Las olas más grandes del mundo
Algo huele a podrido en Dinamarca
Las fotos más sorprendentes del mundo
Pornográficamente natural
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
Lejos de Itaca
¿Madre no hay más que una?
José Vicente Pascual
1 FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN
¿A cambio de qué?
2 Los nuevos reaccionarios
3 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
La guerra de las Galias
4 ¿Rusia o América? Metapolítica de dos mundos aparte
5 Todo se juega hoy (y 15 días después)



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |