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Los líderes europeos

Gnomos que ni siquiera están a la altura de sí mismos


—¿Están los líderes europeos a altura de las circunstancias?
—Usted sabe muy bien la respuesta. Estos gnomos ni siquiera están a la altura de sí mismos.
Alain de Benoist

2 de agosto de 2016
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ALAIN DE BENOIST


Niza, Turquía, Brexit: ¿estamos asistiendo a una aceleración de la historia?
Ya hubo ataques en Francia (y habrá otros), como ya hubo golpes de Estado en Turquía (y este probablemente no será el último). El Brexit es más importante, sobre todo si resulta que ha marcado el inicio de la deconstrucción Europea. Pero ¿esto basta para hablar de "aceleración de la historia", un término cuya definición exacta todavía hay que dar? Más interesante parece ser la aceleración social, a la que Hartmut Rosa dedicó un libro excelente, "El aumento de la velocidad - escribe - constituye el verdadero motor de la historia moderna".
Pero esta aceleración no tiene que ver gran cosa con los acontecimientos que aparecen en los medios de comunicación. Es una aceleración silenciosa, tanto más eficaz en cuanto no hace ruido. Si buscamos lo decisivo, más que hacia a Ankara, es a Silicon Valley hacia donde hay que volverse.
¿Qué le inspira el intento de golpe en Turquía?
Sus autores han sido realmente tomados por el mango, lo que confirma una vez más que los golpistas son raramente inteligentes. Erdogan, como de Gaulle en abril de 1961, en cambio, reaccionó con una rapidez y un sentido del momento histórico que merecen admiración. Es es un hermoso ejemplo de la declaración de Carl Schmitt: "Soberano es quien decide en estado de excepción".
El presidente turco es evidentemente el gran vencedor de este golpe de Estado abortado: sus adversarios le ofrecieron en bandeja de plata las circunstancias que van a permitirle silenciar a su oposición. Queda por saber si el evento va a dañar igualmente las relaciones entre Turquía y los EE.UU., quienes condenaron el golpe con un retraso bastante sospechoso. Habría entonces que esperar una confirmación del acercamiento entre Ankara y Moscú. Pero no hay nada seguro. Siendo Turquía especialista en el juego triple o cuádruple, es difícil decir más por el momento.
Desde el Frente Nacional al Partido Comunista Francés, parece que la solución de "seguridad total" sea muy apreciada para combatir el islamismo. ¿Comparte usted esta opinión? ¿El mal no es más profundo, a tratar desde la raíz?
La casi totalidad de la clase política cree que la respuesta al terrorismo debe ser ante todo "seguridad". Esto es volver a tratar de actuar sobre las consecuencias en lugar de sobre las causas, es decir, buscar una solución desde abajo de lo que debería ser resuelto por arriba. Las denominadas medidas de seguridad no sirven además para mucho. La presencia de los militares en las calles tranquiliza, pero no protege. La Inteligencia sigue siendo ineficaz en tanto que no se dirige hacia la detección temprana. En cuanto a las medidas de excepción, que reclaman los histéricos, sólo restringen las libertades sin mejorar la situación.
Comprender el yihadismo, a fin de luchar mejor contra él, implica un cambio radical de mentalidad. Nuestros contemporáneos en su mayoría creen que no hay nada peor que la muerte, una idea que ignoran es bastante reciente (pero a la que la ideología liberal aporta su garantía: al Homo œconomicus, postulado como fundamento de toda búsqueda su mejor interés, no hay objetivamente nada en nombre de lo cual se le pueda pedir sacrificar su vida).
Por otro lado, ellos se acostumbraron a pensar que la religión traiciona su vocación cuando alienta el fanatismo. Esto les impide comprender la dimensión existencial de un activismo islamista cuyos protagonistas, no sólo no temen a la muerte, sino que la buscan voluntariamente con pasión. Esto les impide comprender también el hecho brutal de que, en la actualidad, el yihadismo es aparentemente la única causa por la que miles de jóvenes están dispuestos a morir lejos de casa. La explicación psicológica de la "locura" y la "radicalización" de los "desequilibrados" conviene a todo el mundo. La gran diferencia cultural, que los estadounidenses ya han experimentado en Afganistán: cuando un occidental es asesinado, su familia está de luto; cuando un yihadista es asesinado, su familia toma las armas. Las armas o las lágrimas: hay que escoger.
¿Puede Francia caer en una guerra civil?
Usted ya me planteó una vez la cuestión, y mi respuesta es la misma: por el momento, no. La cólera no es suficiente para desencadenar una guerra civil, y lo mismo ocurre con los actos de violencia, incluso repetidos, o las eventuales derivas individuales o grupusculares de sociópatas como Breivik.
Puede haber una guerra civil cuando las masas tienen el deseo, la voluntad y los medios para luchar. No veo nada de eso ahora. Las reacciones que siguen a los atentados lo demuestran ampliamente: lo que los franceses quieren hoy en día no es la guerra, sino la paz - e incluso la paz a cualquier precio.
© Breizh-info.com

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