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TRIBUNA
¿Contra quién estamos en guerra?

La defensa de Occidente ya no tiene sentido


A lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente "los nuestros". O aún más hondo: quiénes somos "nosotros".
José Javier Esparza

6 de octubre de 2015
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JOSÉ JAVIER ESPARZA


Si alguien pensaba que la fórmula “defensa de Occidente” tenía todavía alguna vigencia, la actual crisis siria le habrá extirpado cualquier esperanza. Lo que hemos visto en este horrible avispero es que el “bloque americano”, nuestros aliados “de toda la vida”, han jugado a contemporizar con el Estado Islámico, que es la negación más absoluta de todo cuanto la civilización occidental considera como propio, desde la dignidad individual hasta la herencia cultural cristiana. Los que han hecho engordar a la bestia son los mismos países que financian a nuestros clubes de fútbol, que compran nuestros trenes de alta velocidad o que se sientan con nuestros militares en las asambleas de la OTAN. Son ellos los que han permitido –si no algo más– que los cristianos sean machacados en Oriente Próximo, que el yihadismo se convierta en bandera política y que una ola de desesperación llegue a nuestras fronteras poniendo a Europa en la peor crisis migratoria desde la segunda guerra mundial. Esto no lo han hecho “los malos”. Esto, empezando por el estímulo de las primaveras árabes y pasando por el caos criminal de Libia, hasta desembocar en la fuga masiva de cientos de miles de personas desde Irak, Afganistán y, por supuesto, Siria, lo han hecho “los nuestros”. Y a lo mejor va siendo hora de preguntarse quiénes son realmente “los nuestros”. O aún más hondo: quiénes somos “nosotros”.

Hace medio siglo, uno decía “Occidente” y evocaba automáticamente un mundo de libertades públicas, mercado libre con garantías laborales y orden social de inspiración cristiana. No era el paraíso terrenal, pero sí el paisaje más habitable de cuantos habíamos conocido. Por supuesto que el poder era oligárquico –siempre en la Historia lo ha sido–, pero la democracia liberal lo hacía soportable. Por supuesto que el mercado libre tendía a la explotación, pero las políticas de protección social –hicieron falta revoluciones y guerras para hallar el remedio– garantizaban que amplísimas mayorías tuvieran acceso a una riqueza más que suficiente. Por supuesto que el cristianismo languidecía como fe viva, pero sus principios filosóficos, sus ejes doctrinales, eso que se llama “derecho público cristiano”, seguían vertebrando la vida social y separando lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Ciertamente, rara vez el cruzado está a la altura de la cruz, pero bastaba ver lo que había al otro lado para resignarse y aceptar que, después de todo, lo nuestro era mejor –o menos malo– y valía la pena luchar por ello. Ese era el mundo hasta hace muy pocos decenios. Bajo esa convicción hemos vivido y hemos muerto. Pero eso se acabó.

Esto no es lo que era

Hoy uno mira alrededor y constata que aquellos viejos pilares se han desmoronado. Del famoso “derecho público cristiano” ya no quedan ni las raspas y en su lugar se ha impuesto una pseudo moral civil compuesta a partes iguales de sentimentalismo, sectarismo y nihilismo. El mercado libre, que alcanzó su apoteosis en los años 90 con la globalización financiera, ha ido desmantelando desde entonces no sólo todo control político, sino también muchas de las garantías sociales y laborales de posguerra. En cuanto a las libertades públicas, no nos hagamos ilusiones: la crisis de las democracias, ahogadas en oligarquías cada vez más alejadas del pueblo, no es algo exclusivo de España y, por otro lado, es una evidencia que hoy, a la hora de hablar en público, hay muchos más tabúes que hace sólo veinte años. ¿En qué se ha convertido “Occidente”?

Hoy uno dice “defensa de Occidente” y la cosa suena a extravagancia, como aquel general del Teléfono rojo de Kubrick que quería lanzar un ataque nuclear contra los soviéticos porque estaban contaminando “nuestros preciados fluidos corporales”. ¿Qué vamos a defender exactamente? Es muy posible que, mañana, aparezca otro escenario bélico forjado a golpes de fuego por la crisis siria, y es muy posible que, ese día, soldados españoles tengan que volver entregar la vida allí. ¿Por qué van a hacerlo? El argumento de la democracia y los derechos humanos ya no cuela; sencillamente, porque no es verdad. ¿Y entonces? ¿Por la estabilidad de un mercado global que ya no es ni quiere ser garantía de paz social? ¿Por los intereses de unos “aliados” que sólo miran por su propio provecho? ¿Por la construcción de un mundo sin alma ni destino?

En los últimos veinte años, eso que antes llamábamos “Occidente” se ha convertido en una suerte de gran mercado anónimo universal regido por una superpotencia hegemónica, los Estados Unidos. Nada más que eso. Las decisiones políticas quedan subordinadas a ese proyecto, al margen de la voluntad o el interés de las sociedades. Nuestras naciones se disuelven. Los principios morales clásicos son combatidos hasta la extinción y reemplazados por un singular mundo de matrimonios homosexuales y abortos por recomendación estatal. El mercado ya no es un instrumento para la prosperidad del mayor número posible de ciudadanos, sino un dios al que hay que adorar y obedecer por su propio poder. En esto nos hemos convertido. Un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, ¿alguien podría decir quién o qué ha ganado exactamente?

Sí, claro: los Estados Unidos. ¿Y su proyecto es el nuestro, el de los europeos? ¿Su hegemonía es nuestra supervivencia? Ya no está tan claro como hace diez años.  “El país no lo sabe, pero estamos en guerra contra América –confiaba Mitterrand a su último confidente, Georges-Marc Benamou–. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra económica, una guerra aparentemente sin muerte. Sí, son muy duros los americanos, son voraces, quieren un poder exclusivo sobre el mundo. Es una guerra desconocida, una guerra permanente, en apariencia sin muerte y, sin embargo, una guerra a muerte” (Le dernier Mitterrand, Plon, 2005). Quizás el viejo socialista francés, ya en sus últimos días, veía las cosas bajo una luz siniestra. Quizá. Pero quizá, simplemente, estaba diciendo la verdad pura y desnuda.

No, la “defensa de Occidente” ya no tiene ningún sentido. No, al menos, si de verdad queremos que algo del auténtico Occidente histórico sobreviva en el mundo actual. Europa debe empezar a cortar lazos. De lo contrario, esos lazos nos ahogarán. Nos están ahogando ya.


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COMENTARIOS
martes, 13 de octubre de 2015

Europa no es una impedida mental

parte 1

Siento mucho discrepar con el artículo. El discurso ´´EEUU es el culpable de todo´´ ya está muy visto a la par de incorrecto.
Lo primero que se debe reconocer es que europa no es una unidad homogénea, nunca lo fue, porque la historia de un finlandés poco tiene que ver con la de un portugués.
En segundo lugar: Ojalá hubiésemos estados de verdad influenciados por esa cultura que usted tanto denosta: la misma que hace que un niño en la escuela ame a su bandera, a su país; la misma que antepone el cumplimiento de la ley por encima de izquierdas o derechas o la misma que procesa a un Presidente por mentir.

Poner de ´´ejemplo´´ a Mitterrand por su anti-americanismo es como poner de ejemplo a Otegui por su lucha social contra lel capitalismo. Francia no ha dudado nunca en traicionar a cualquier país europeo con tal de mantener un estatus que ya no es; que no serán.



# Publicado por: Carlos (Marbella)
sábado, 10 de octubre de 2015

EL PODER HEGEMONICO , es LA OLIGARQUIA

.-Los intereses nacionales de USA , puertas adentro, son en pocas palabras, el ´´american way of life´´.- Su vigencia o su ausencia , considerando, precisamente que ese estilo de vida está amenazado, por las oligarquias (civiles y/o militares).
.-Que el interès nacional , se interprete a su vez como intervención es asuntos internos de todos los países del mundo, como si el mundo, les hubiera dado ese encargo, es la interpretacion (no la hace el pueblo) que hacen las ´´elites´´ para su exclusivo provecho.-
.Los norteamericanos , el pueblo., no quiere saber nada con ir a morir por el petroleo, o por otras escusas.
.-Las prácticas hegemónicas no son ´´interés nacional´´, el pueblo quiere soluciones para los problemas cotidianos: IN THE COUNTRY.


.EL PODER HEGEMONICO , atenta también puertas adentro contra todos los norteamericanos PUES ESE PODER HEGEMONICO -es la misma oligarquia- QUIENES FABRICAN Y DIGITAN GUERRAS Y CONFLICTOS , en una olimpíada de cinismo.
.- Sabemos históricamente que los yanquis suelen llevarse muchas medallas.-



# Publicado por: oscar ghiso (buenos aires)
viernes, 09 de octubre de 2015

Los EE.UU. no son, com tales, el enemigo

Creo que comete un error al asociar a (todos) los Estados Unidos con ese problema. El 90 de ciudadanos norteamericanos no influyen en este pretendido ataque a Europa, son los poderes fácticos que todos conocemos y el NWO controlado por unas élites concretas las que nos están atacando. Los estadounidenses, por defecto, son bastante inocentes y se dejan influir demasiado por la presión mediática y la propaganda, pero de ahí a insinuar que su hegemonía es nuestro enemigo hay un gran trecho. Ellos defienden, como nación, sus intereses, al igual que deberíamos defender nosotros los nuestros (invasión inmigratoria, procesos de insurrección independentista, corrupción, etc.).

# Publicado por: Papaluna (Barcelona)
miércoles, 07 de octubre de 2015

Los useños

Mejor no tener demasiada asociación con una gente que cree que los griegos son ´´hispanics´´, que ser rubio de ojos azules es ser ´´caucasian´´, pero cuando ven a un habitante original del Cáucaso piensan que son ´´Arabs´´, o que un español es un ´´Mexican´´.

# Publicado por: Progre Descarriado (Madrid (España))
martes, 06 de octubre de 2015

malentendidos

Casi estaría por repetir el título de ´´culturecide´´. En efecto, esas supuestas ´´maravillas´´ de la posguerra no pasaban de ser eso: trucos de posguerra para mantener tranquilas unas masas que huían como fuera de la mera posibilidad del hambre, como la que pasaron durante la guerra. Y una vez acabado el Bloque Comunista, ya no hacían falta costosos sistemas de seguridad social (como los que pagaban los suecos, p.e. que se llevaban más del 60 de los ingresos de uno). Felizmente hemos aprendido a desprendernos de ciertas rigideces del pasado (religiosas, tradicionales, costumbristas o autoritarias) y ciertamente a veces parecemos nihilistas, y quizá lo somos, pero LIBRES nihilistas.

# Publicado por: miguel (madrid)
martes, 06 de octubre de 2015

esperanza

El artículo de José Javier Esparza me parece muy acertado y hay muchas voces que claman en ese sentido. Ciertamente no sólo le podemos echar la culpa a los americanos, y un pueblo es siempre, en último término responsable de lo que le ocurra, pero , por lo mismo, no hay que ´´disolverse en silencio´´. No sólo está USA sino la Unión Europea en sí, que es su comparsa. Y ya hay muchos grupos en los países occidentales que claman por la salida de la UE y abogan por que se consulte a los respectivos pueblos mediante referéndum. A esas voces las están ahogando y no se les da difusión. Por qué? Porque quieren recuperar la identidad nacional de cada uno de los países europeos y entroncar con las viejas raíces? Supongo que hay que empezar luchando por esta vía para recuperar nuestra soberanía y poder de decisión.

# Publicado por: Blanca (Huelva)
martes, 06 de octubre de 2015

Game Over.

¿Merecemos salvarnos? Parece que nadie quiere responder a esta pregunta. Describimos con acierto nuestras sociedades pero luego pedimos al cadaver que rompa lazos con los useños, como si los useños tuvieran la culpa o no estuvieran aquejados de los mismos problemas que nosotros.

No han sido los useños los que han vendido su herencia comprando cualquier mercancia estropeada, hemos sido nosotros. Somos perjuros, asesinamos bebes y decimos que es un derecho, carecemos de cualquier idea firme de que es el bien, hasta desplazamos al hombre del centro de la creacion y hablamos de ´´derechos´´ de los animales. Negamos que hombres y mujeres son realidades biologicas y los enfrentamos para poder destruir cualquier atisbo de orden natural. Todo es imagen, emocion sin racionalidad, modernidad liquida en camino hacia la posmodernidad gaseosa.

No, no merecemos salvarnos, esta letrina moral bien alimentada y con buena conciencia ni siquiera firmara un ultimo acto heroico de resistencia, nos vamos a disolver en silencio. Y creo que no merecemos otra cosa, ni siquiera esconder nuestros pecados detras de los pecados de los uesei.

# Publicado por: Jose Ramon. (Valladolid)
martes, 06 de octubre de 2015

¿Democracia liberal?

En europa no hay democracia, no puede haberla donde hay oligarquía.
Una cosa es el parlamentarismo, y otra la democracia, que exige división de poderes No hay que confundir con estos conceptos fundamentales. El liberalismo nunca ha sido democrático, sino parlamentario.

# Publicado por: Pedro Ortigosa Goñi (cirauqui)
martes, 06 de octubre de 2015

Falacias

´´Hace medio siglo, uno decía ´´Occidente´´ y evocaba automáticamente un mundo de libertades públicas, mercado libre con garantías laborales y orden social de inspiración cristiana.´´ (...) Y son esas tres falacias las que condenaron a ese concepto tan voluble que es Occidente al escenario actual.

# Publicado por: Culturecide (Madrid)
martes, 06 de octubre de 2015

Recuperación

Todo esta sitiación,tiene un origen,los EE.UU y sus intereses en el petro
leo viene de lejos,los pactos hechos con la família saudí tiene su coste,el problema es en que Europa,des de el 45,esta atada a esos
intereses americanos a través de los gobiernos títeres que gobiernan,¿gobiernan?esa cómoda Europa,ante tal situación,la respuesta debe
ser una recuperación de la Europa de los pueblos que la hicierón lo
que cuestionando ese occidente en el cual siempre he tenido mis du
das de pertenecer.

# Publicado por: josepxicot (Barcelona)
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