''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Lunes, 20 de febrero de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

JAVIER R. PORTELLA
¿Existe un populismo de izquierdas? El caso de Podemos

JOSÉ VICENTE PASCUAL
De profesión, paridora

ALAIN DE BENOIST
¿Democracia?
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
AL HILO DE LOS CLÁSICOS

Goya y los goyas

"La Tirana", de Goya. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (detalle).

Permítanme que haya visto poco la gran payasada hortera de los goyas, de un cine español que encima --con honrosas excepciones-- es histriónico, artificioso y sobreactuado como ningún otro europeo. Por eso, permítanme que me vaya a ver el cuadro "La Tirana", de Goya.
Francisco Núñez Roldán

13 de febrero de 2015
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN


La actriz sevillana María Rosario Fernández fue más conocida como La Tirana, a causa de que a su marido, el también actor Francisco Castellano, le llamaban El Tirano por su tendencia a representar personajes de dicha catadura. María Rosario gozó de una fama que hoy no tendría de no haber sido porque el pintor Francisco de Goya hizo dos retratos de ella, uno en la colección March, y otro, más visitable, en la Academia de san Fernando, en Madrid. En este último, el genio traza un rostro decidido, de mirada honda bajo pobladas cejas, bosquejando la vestimenta y adornos con pinceladas gruesas, muy suyas, tan aparentemente descuidadas como certeras, y obviando aspectos como la proporción y grosor de los brazos. Todo ello completa el conjunto de un retrato extremadamente vivo, magnífico, con fondo apenas visible de jardín oscuro, posiblemente madrileño o de Aranjuez.
Es todo lo que nos ha quedado de La Tirana, y no es poco.  Nada sabemos de sus palabras, de sus opiniones sobre política de la época, sobre el pensamiento y la sociedad de su tiempo, sobre el devenir de la historia, etcétera. Opiniones que La Tirana tendría, como cualquier mortal, y que de seguro en alguna reunión o cenáculo haría oír, ayudada por su buena dicción y sus muchas tablas, que le proporcionarían seguridad y empaque para emitirlas.
El caso es que de todos los actores y actrices de todas las épocas del planeta no nos ha llegado prácticamente ningún pensamiento original escrito, ninguna opinión o juicio mínimamente riguroso y organizado, por más que todo  ese colectivo haya tenido y tiene el derecho y el deber de opinar sobre lo que tenga a bien cuando le venga en gana. Faltaría más. Es, por otra parte más, que comprensible que una comunidad cuya principal meta tiene por objeto imitar la voz y la vida de otros, personificar a alguien que no son ellos mismos, dedicar casi todo su tiempo a memorizar palabras, gestos y pasiones que no son los suyos, carezca de demasiadas horas para el estudio, para construirse un sistema de pensamiento propio, para conseguir un acervo cultural alto y una sapiencia personal lo suficientemente densa y rigurosa que luego les permita exponerla en diversos campos y foros de la sociedad, aportando ideas originales, sopesadas, creativas.  
Y sin embargo, ¡oh, ironía!, pocos colectivos lanzan de continuo sus opiniones sobre absolutamente todo, con tanto desparpajo y galanura, como el que realmente tiene muchísimo que decir a todo el mundo sobre casi todas las cosas. Son, ya digo, desgraciadamente, personas por lo general de voluminosas carencias culturales, que piensan que lo que publicitan  es original, sabio y provechoso. Eso da haber leído  poco: que lo que se dice y piensa suena a piélago de sabiduría.  Tal en escritores y poetas de pocas lecturas, que descaradamente exhiben como originales temas que han sido ya tratados no sólo de antiguo sino con mucha mejor prosapia.
En el caso del mundo de la farándula –la expresión es de Cervantes, Quijote, 2.ª parte, véase–, este ha tenido últimamente su más chocarrera y simplicísima expresión en el revuelo de los premios Goya, que de entrada deberían entrar en la sección de espectáculos y no en la de cultura, como la sitúan algunos medios. Reconozco haber visto y oído pocas declaraciones al respecto de esos representantes “culturales” de nuestro pueblo, pero esas pocas han sido suficientes para apreciar el nivel de inconsistencia en los argumentos, de pobreza en el léxico, de inanidad en los conceptos, de superficialidad en  las apreciaciones, y de vulgaridad en general respecto a la vida cotidiana y actividades de unas personas que fuera de sus actuaciones fílmicas, no tienen prácticamente nada que decir a nadie sobre nada, aparte de hacer perder el tiempo a quien los escucha.
Claro está que el fenómeno no es casual ni gratuito. Tras esa elevación de los rostros conocidos a la categoría de pensadores están los intereses de grandes compañías mediáticas que saben que la colectividad, cada vez más fiel al púlpito televisivo, escucha con mucha mayor atención cualquier sandez dicha con decisión, voz engolada y gesto firme, que una opinión sesuda expresada por alguien poco hecho al mundo de las cámaras y que además, como persona culta, duda a veces de sus propios conceptos. De ahí que tanto personaje y personajillo que asoma a los televisores sea luego señuelo apropiadísimo para anunciar desde planes de pensiones a audífonos, pasando por vehículos, perfumes, ropas, urbanizaciones y todo lo que puede comprarse, como si el mero hecho de que esos seres hablen de ello sea signo seguro de calidad y seriedad, en vez de estar pagando el cliente un plus por lo que ha costado superponer la carita conocida al producto comercial de turno.
Por todo eso, permítanme que haya visto poco la gran payasada hortera de los goyas, de un cine español que encima  --con honrosas excepciones-- es histriónico, artificioso y sobreactuado como ningún otro europeo. Por eso, permítanme que me vaya a ver el cuadro La Tirana, de Goya, y admire al verdadero genio junto al silencio de su modelo.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
lunes, 16 de febrero de 2015

¿Cuándo empezó esto?

¿Cuándo empezaron a creer los actores españoles que ellos eran la conciencia moral de la nación, pretensión nunca vista en siglos? ¿En los ochenta, después de la Transición, cuando el Imperio Prisa y sus satélites impusieron la visión pijoprogre de la vida?

# Publicado por: Vivarium (Legio)
sábado, 14 de febrero de 2015

Atento lector

Muchas gracias, estaré esperando por las próximas reflexiones.
Cordialmente
Crespi

# Publicado por: Roberto Crespi (Montevideo Uruguay)
sábado, 14 de febrero de 2015

Raya Roja.Pero roja, rojisima....

El Sr Almodovar -nunca votado, no sabemos a que o cuantos puede representar- habló ´´En nombre de la cultura´´ y expulsó de ese, su parnaso al Ministro Wert.
El Ministro se revolvió en la butaca, se rió y no hubo nada.
Y debio haberlo.
Por ejemplo, aceptar la expulsión, la malvenida de Almodobar, para irse. Y los que estén en el´´ bando ´´de Almodovar que se quede y los que militen en el ´´bando´´ de Wert, que se vayan con él...
Las dos culuraas de las dos Españas ¿ ´´Cuala´´ fue primero ?

# Publicado por: Puig (Valencia )
sábado, 14 de febrero de 2015

Agradecimiento y autorización

Amigo Roberto Crespi, muchas gracias por su elogio. Se hace lo que se puede y debe. Y por supuesto traslade el ejemplo como quiera, donde tercie y cuando lo vea oportuno. Faltaría más. Un afectuoso saludo, Francisco Núñez

# Publicado por: Francisco Núñez Roldán (Sevilla)
viernes, 13 de febrero de 2015

BUSCANDO PRIVILEGIOS

Simplemente una pregunta, ¿Por qué se ha de pagar IVA por una barra de pan y no pagarlo por una película?. ¿Acaso el que tiene la tripa vacía va a ver una película de cine antes que comprar una barra de pan?. ¿O es que acaso para estos señores lo primero es ´´philosofhare´´ y en segundo lugar ´´vivere´´? !Quién lo iba a pensar viendo lo lustrosos que están¡. En realidad lo que quieren es que los demás paguen las carreteras, la educación, la seguridad y ellos ´´todo para la buchaca´´. Por lo que respecta al espectáculo, si he aprendido algo nuevo: la abundancia de ´´tacos´´ y la pobreza de vocabulario forma parte de la cultura que debe quedar exenta de IVA

# Publicado por: fuente (fuentealbila)
viernes, 13 de febrero de 2015

Los lectores

Estimado don Francisco, qué placer ha sido leer su artículo. Por estos lares sucede lo mismo, ya sé no es consuelo. Por eso solicito autorización como nieto de catalanes para trasladar el ejemplo silencioso de La Tirana al Río de la Plata. Aquí nos inundan con ´´chocarrerías´´ y como si fueran poco las nuestras, también las importamos de argentina.
Es cierto que los actores antes tenían mala reputación, pero al menos tenían la decencia ( recato, honestidad, modestia ) de callarse, que no es poca cosa. Salud, Goya , Cervantes y la Tirana.
Cordiales saludos
Roberto Crespi

# Publicado por: Roberto Crespi (Montevideo Uruguay)
viernes, 13 de febrero de 2015

Los actores

Me permito recordar a los lectores y editores de El Manifiesto que, en otros tiempos, los actores eran gente de mala reputación, estaban entre lo más bajo de la sociedad, y sus opiniones no importaban gran cosa.

# Publicado por: El Disidente (Madrid)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Francisco Núñez Roldán
Don Claudio Sánchez-Albornoz: República vs. Frente Popular
Derrota y victoria del islam
Miseria y grandeza de la literatura
"Muertos por la democracia y la libertad"
Mi isla mínima
¡A degüello con la Giralda!
¿Quién va contra Montesquieu?
Hay pueblos que, llenos de autoestima, honran a sus muertos
Antonio Machado y los españoles de segunda
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 Sexo libre y salvaje en la antigua Roma
2 El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo (y II)
3 JAVIER R. PORTELLA
¿Existe un populismo de izquierdas? El caso de Podemos
4 Marine Le Pen



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |