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Adultos

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DAMIÁN RUIZ

¿A partir de qué momento pierde uno la juventud? Hay mujeres y hombres de ochenta años que respiran la vida con la misma intensidad que un joven de veinte, aunque el espejo y la mirada de los otros les devuelva una y otra vez la identidad con la que son clasificados, la de viejos. Porque la ancianidad supone un supuesto encuentro con la sabiduría, la necesaria para asumir el lugar que el mundo te tiene reservado. Pero ni todos llegan a viejos, ni mucho menos a sabios; las más de las veces lo que se produce es un ir resignándose, una adaptación progresiva a ese papel de abuelos, los que lo sean, a ese acomodaticio conformarse con la invisibilidad, con esa necesaria y obligada comprensión hacia el mundo que te rodea, ese ir asumiendo la pérdida del eros.
¡Qué cruel! ¿No? Y ¿si un señor, o señora, entrado en años, decidiese un buen día salir a seducir? Si ese día no le da la gana hacer ni de canguro, ni de esposo/a resignado/a, ni de cuñado, ni de compañero, ni de nada…; si tal día decide que se va a poner sus mejores ropas, va a recuperar el espíritu mundano, la elegancia interna, el “savoir faire” de sus años de juventud y se va a lanzar a la vida… Ese día volverá a activar su sistema inmunitario y el juego de la existencia que requiere de innovación, de reinventarse y de creatividad. Y si fracasa, lo cual es probable, como mínimo le habrá dicho a su sistema límbico que está despierto, y que la artritis puede esperar.
Los arquetipos de abuelitos, de papá/mamá, así como los de cuñados o primos, con el que una mayoría de la sociedad se va configurando son, fundamentalmente, aburridos, por eso la gente toma drogas, se hace adicta a cualquier cosa o se ceba hasta sobrepasar los límites de la buena salud. Vivimos demasiados años, en general, como para acabar siendo casi exclusivamente eso.
Por otra parte están los que se van al otro extremo y no saben conjugar libertad, responsabilidad y sensatez, y viven en una permanente adolescencia que no tarda mucho en pasarles factura, física, psíquica y económica, básicamente.
Pero estos no son los más, y lo normal es encontrarte al hombre casado y con hijos pequeños que va por la calle con cara de amargado (y si no, observen). De joven era apuesto, dinámico y vital, y ahora es un buey-niñera que está deseando que ocurra algo diferente para estimular un poco las neuronas y quizás la testosterona.
De ahí que, cada vez más, las familias sean auténticos culebrones venezolanos. Y no porque se hayan perdido los valores tradicionales, sino porque la gente se aburre y, mientras no se produzca una conjunción de logos y eros a nivel individual y social, seguirán pasando cosas y, algunas, contundentes. En cualquier foto de familia que se precie, y de cualquier estatus social que sea (en la clase alta son auténticos malabaristas), todo es menos lo que parece. Imaginen, foto de celebración de unas bodas de oro, con todos los descendientes y coetáneos, todos felices y en sus roles… Bien, pues, a poco que escarben, allí hay de todo y pasa de todo. No hace falta que entre en detalles, dejen correr la imaginación. Pero ya saben… “sex, drugs and rock and…”.
La cuestión es: ¿hasta cuándo tenemos que vivir en este tipo de sociedad creado para cuando durábamos cuarenta años? No hace tanto de ello, por cierto: a principios del XIX todavía andábamos por ahí.
Una sociedad tecnológica, erótica, consumista, global y de comunicación como la nuestra… y ¡sigue manteniendo estilos de vida absolutamente arcaicos!
Es tan profundamente contradictoria y tan generadora de patología que quizás será necesario algún día empezar a replantearse cosas, porque, si no, la gente empezará a ser muy infeliz. O eso o todo el mundo estará pegado a la pantalla de un trasto electrónico que le distraiga y le aísle del sopor que le produce el fantástico entorno construido.
Es posible que haya quien piense que hay que volver a los valores tradicionales (los únicos, para algunos), a la moral clásica. Sí, de acuerdo, pero ¿saben que pasará? Que también será efímero, una moda más, un “revival” del pasado, un intermedio entre las necesidades y deseos ya activados.
Logos, eros y espíritu: combinemos los tres y desarrollemos otro modelo de sociedad. Esto pronto no lo aguantará nadie y no deberíamos tardar muchos siglos en empezar a ser adultos.
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| COMENTARIOS |
| viernes, 31 de agosto de 2012 |

vejez divino tesoro?  |
 Me parece una verdadera pena que no responda a sus lectores, hablar con el autor vivo, es como escribir notas al margen, quizás debería abstenerse de hablar con los maleducados. Efectivamente, los nuevos paradigmas no se adaptan a las viejas normas sociales , ya que la vejez esta siendo abolida , al igual que la infancia, por intereses económicos. En la antigedad pagana los ancianos tenían un lugar y una función que cumplir , pero hoy el desprecio a los ancianos es correlativo a la explotación de los niños, para el consumismo ambos grupos valen poco. El problema con ´´colectivizar´´ la vejez o la infancia , es que el ser humano se a vuelto poco solidario y muy individualista, una comuna que acepte a sus ancianos y crié a sus hijos entre todos es difícil de concebir , ya que las personas son mas individualistas. Para peor el problema no es ser un ´´añoso´´ ya que antes quien llegaba a los 75 años era muy raro y la vejes y la muerte eran dignas , porque no había forma de deteriorarse. Hoy después de los 75 años hay una perspectiva de espantosas enfermedades degenerativas, y unos años que se alargan mas y mas que a uno le hacen desear que cuando llegue sea rápido. Mas vale una vida de 65 o 70 bien vividas , que lo que viene después.
# Publicado por: elio cesar
(Uruguay )
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| sábado, 25 de agosto de 2012 |

Pero tiene usted razón en una cosa  |
 Hasta ahora consideraba, aunque con dudas, que lo normal era intercambiar opiniones o críticas con los lectores, lo contrario me parecía arrogante por mi parte, sobretodo tratándose de una publicación modesta. Pero quizás sí, le voy hacer caso y a partir de ahora no voy a replicar ningún comentario, me limitaré a exponer mi artículo. Gracias.
# Publicado por: Damián Ruiz
(Barcelona)
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| sábado, 25 de agosto de 2012 |

D.Eduardo  |
 Me alegro que usted considere mis artículitos inacabados y torpes en su exposición. Entiendo que lo que le gustaría es un ´´allonsenfantsdelapatrie´´ cerradito y sin fisuras, y si me apura bien dogmático no sea que le haga pensar. Pero lo que usted ve como algo defectuoso yo lo veo como un entramado que se cierra no de forma lineal, pero quizás eso es pedir mucho para algunos. Y de ´´Público´´ nada, hay otras formas de ser de derechas no necesariamente tradicionalistas.
# Publicado por: Damián Ruiz
(Barcelona)
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| viernes, 24 de agosto de 2012 |

CHIIIISSSTTTT...¡¡¡  |
 Pues si, D. Damian, léase de nuevo, porque ya sigo sus articulitos con la curiosidad de ver hasta donde llegan sus disparates. Decir, por ejemplo, que el arquetipo del ´´abuelito´´, aburrídisimo --oiga usted, eso es mentira, ¡ya quisieran aburrise!-- es la consecuencia de hincarse un chute o meterse por pulmón una dosis de cáñamo no es para mear y no echar gotas. Es para cagarse y tirarse pedos. Le estan buscando entre el ´´Público´´ desesperadamente. Además, estoy hasta la mismísima cueva de terciopleo de sus articulos siempre inacabados, que reflejan, por su sistemática continuidad en las réplicas, torpeza expositiva y deficiente calidad de transmisiòn. Afine. Deje claro sus argumentarios sin lugar a equivococos y permita a los lectores la critica sin tener usted la última palabra. Para mendrugos ya estamos nosotros. Usted escribe el artículo y se atiene a las consecuencias, ¡Coño!.
# Publicado por: Eduardo
(Cádiz)
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| sábado, 18 de agosto de 2012 |

Estimada La maga  |
 Se lo digo con afecto, pero ¿no se habrá confundido de web y en lugar de comentar mi artículo habrá comentado una receta de pollo a la cazuela? Lo digo porque lo que usted dice que yo he dicho no lo veo en ninguna parte del artículo. De todos modos lo releeré, no vaya a ser que entre líneas esté yo ocultándome información. De todas formas se lo agradezco.
# Publicado por: Damián Ruiz
(Barcelona)
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| viernes, 17 de agosto de 2012 |

Ya estamos ahí  |
 Estimado señor Ruiz, no sé en qué mundo vive usted, pero ya estamos en ese lugar que describe como próximo a llegar. De la cultura de lo efímero no se sale volviendo a los valores tradicionales, pues, se han abolido y no surgió nada que los reemplace. la eterna adolescencia llega a los de más de cuarenta y no aparecen aires de cambio. Ser adulto es asumir responsabilidades, pero también es aprender a ser felices sin mamás y papás, sean estos familares directos, parejas, o estados. Sobra savoir faire y falta filosofía. Los rebeldes de hoy son adictos al pataleo pero huyen de aquello que implique compromiso con un ideal (que no tienen), con una sociedad que no los representa (no porque los excluya, sino porque no les brinda lo que egoístamente ellos reclaman). Madurar implica tolerar, crecer, respetar... ser.
# Publicado por: La maga
(Sur)
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