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La ineficacia del hombre correcto

Damián Ruiz

5 de julio de 2011
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DAMIÁN RUIZ

Desde que leí, hace ya años, la autobiografía de Rita Levi-Montalcini (italiana, premio Nobel de Medicina y que en la actualidad tiene 102 años), llamada “Elogio de la imperfección” me convencí, de hecho siempre lo estuve, que el ser humano correcto, riguroso y ortodoxo no es más que un mediocre de ego soliviantado aunque contenido, o modosito, como dirían algunos.

El hombre correcto es ese señor sesudo que da cifras macroeconómicas o que aplica estrictamente lo que le enseñaron en su carrera universitaria, ya sea en medicina o en derecho o en lo que sea, y que de no resultar eficaz su metodología, lo único que entiende es que no “pudo ser” de otra forma, como si el destino solo tuviera un camino y de errar éste, todo lo demás resultase inocuo o improductivo.
La oficialidad está plagada de este prototipo, absolutamente seguro, debido a la rigidez de sus esquemas mentales, de que las cosas deben ser de una sola manera, y de no ser así, o no existen o se entra en el terreno peligroso de la arbitrariedad.
Pondré dos ejemplos tipo del mediocre inapelable, uno en el terreno económico y otro en el médico.
El primero es aquel que cree que solo funciona un tipo de modelo económico, y que todo debe hacerse según los cánones de ese modelo, aquí el dogmatismo normalmente estriba en los modelos capitalistas o marxistas, con todas sus variantes. La prueba fehaciente de lo maravillosos que son ambos modelos la da la historia y la realidad, ya sea porque mantiene a medio planeta en condiciones de miseria y hambruna, ya sea porque exige para ser sostenido de regímenes políticos dictatoriales.
El segundo es el médico. Es cierto que hay médicos con cierta flexibilidad cognitiva que pueden ver más allá de sus limitaciones organicistas (el día que la medicina supere el paradigma newtoniano-cartesiano y la física cuántica sea el modelo imperante se quedarán pasmados unos cuantos de estos apóstoles). Bien, hay muchos médicos que “condenan”, por ejemplo en psiquiatría, a cualquier paciente diagnosticado con una etiquetita patológica, no se la sacan ni con lejía. La tendencia a la “cronificación” de una persona que ha pasado por un estado de alteración mental está expandida masivamente. Y ya no digamos aquellos que programan el cerebro de un paciente con frases sobre el tiempo que le queda de vida. Utilizan su autoridad moral para grabar en el pensamiento un periodo de “autodestrucción” progresiva.
En relación a esto tuve, en una ocasión, la oportunidad de hablar con un investigador español, especializado en tumores cerebrales, de la Universidad de Oxford, y le hice la siguiente pregunta: “¿Es cierto que hay tumores avanzados que inician un proceso de remisión hasta desaparecer?” Su respuesta fue afirmativa y me confirmó que ese era un tema de investigación todavía muy sorprendente para muchos científicos. Pero este hombre tenía una mente abierta y entendía que hay factores no controlados que posibilitan un cambio de evolución de una enfermedad. Ya Borges en el poema de presentación del I Ching de Wilhelm escribió aquello de “el camino es recto como una flecha, pero entre las grietas está Dios que acecha”.
Y si no que se lo pregunten al arquitecto Norman Foster, que después de ser diagnosticado hace años de un cáncer de páncreas, está vivo, sano, fuerte, activo y practicando ciclismo y esquí de fondo.
Con todo esto quiero decir que el tonto solemne, el ortodoxo limitado, el incapacitado para ver más allá de lo “existente” es un prototipo muy abundante, y que además tiene la habilidad suficiente para situarse en lugares de renombre, puesto que dominan la norma y la norma les hace de escalerita hacia puestos de cierta envergadura.
Y todo esto no sirve más que para mantener el “status quo” de una sociedad que no solo debería empezar a cambiar de modelo político y económico sino de paradigma científico, pero claro hay tanto funcionario de la inteligencia y tanta subvención a repartir, que crudo lo tenemos.
Por eso los “indignados” como dije en el artículo anterior no me motivan nada, porque aunque sus reivindicaciones sean justas, sus planteamientos son decimonónicos, y así no vamos a ninguna parte.

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COMENTARIOS
miércoles, 06 de julio de 2011

Blanco y Negro.

Hay un personaje de serie televisiva, Adrian Monk, que comparte la genialidad intuitiva y el comportamiento anancástico, casi de forma absoluta. Parece un imbécil en situaciones de la vida social común y es un genio sacando deducciones. Es una exageración humorística es cierto, pero la metáfora es válida para el ser humano.
Como bien se dice, no se puede peinar una pelota de tenis sin crear un remolino en alguna parte. Así que cuando sentimos la brisa nocturna en la playa, pensemos que hay un tornado en otra parte del mundo.
El pensamiento correcto genera injusticias que hacen que el hombre deje de ser correcto. El pensamiento incorrecto se basa en la injusticia como motor de cambio.
Ambos son necesarios. No habría el uno sin lo otro.
Todos somos vulgares y geniales a la vez.
Los que leemos y escribimos algunos comentarios en este periódico lo debíamos saber. Por eso no debíamos pensar que ponemos picas en Flandes, sino que hablamos con gente como nosotros, con amigos llenos de dudas.
Que decir de Mozart comparando su vida y su música.

# Publicado por: Luis Javier Gascón Vera (Chiva (Valencia))
martes, 05 de julio de 2011

¿Descripción de la estupidez?

Un artículo descriptivo de lo que se presenta en los rincones de nuestro mundo. Recuerdo que, en la descripción de la estupidez, un psicólogo afirmaba que no era el producto de una deficiencia neuronal o deformación orgánica sino una conducta incomprensible que afecta a personas de todos los niveles, fuesen sociales, económicos, culturales y académicos. Es esta conducta la que, finalmente, origina los males de la humanidad.

# Publicado por: Luis Antúnez (Perú)
martes, 05 de julio de 2011

y... ¿Quiuen es perfecto?

¿No os llega el hedor de la corrupción divina? (La Gaya Ciencia. F. Nietzsche?

Imperfectos somos todos, y la inmensa mayoría lo sabemos. El error está en buscar la perfección, como si esta fuera alcanzable por la humanidad. Ya no se usan las lógicas Booleanas, sino que se utiliza la ´´Semántica General´´ de A. Korzybsky para interpretar las ´´lógicas difusas´´. El Caos.
Eso abre muchisimas puertas nuevas. Cuando te atreves a interpretar nuevos experimentos ( Michelson-Morley o la doble rendija) sin recurrir al milagro, te das cuenta que apenas te asomas tras esas puertas te empiezan a llover regalos. Pero eso tampoco es la perfección sino un paso adelante en el propio conocimiento.
Estoy de acuerdo con usted Sr. Ruiz debemos abandonar el pegajoso pensamiento del siglo XIX y crear algo nuevo para un nuevo milenio.
Pero ,,, ¿Quien le lima los dientes al tiranosauro consumista?

# Publicado por: Pialfabeta (San Fernando de Henares (Madrid))
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