''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Domingo, 26 de marzo de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36

JAVIER R. PORTELLA
Un fantasma recorre Europa: el populismo identitario

JESÚS J. SEBASTIÁN
El laberinto de la identidad europea
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
La Coca-Cola, ¿bebida sagrada de nuestro tiempo?

Antonio Martínez

29 de diciembre de 2010
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

ANTONIO MARTÍNEZ

Según parece, “Coca-Cola” es la palabra más conocida del planeta Tierra en la actualidad: se estima que la conoce casi un 95 % de la población mundial. Vayamos a Pakistán, a Bolivia, a Indonesia o al África profunda, la bebida más famosa del siglo XX ha llegado antes que nosotros. Prueba palpable de la eficacia exhibida con orgullo por el marketing estadounidense y el capitalismo del Tío Sam; pero indicio también, tal vez, de que bajo la superficie de la Coca-Cola se esconde mucho más de lo que aparece a primera vista.

En efecto. Es bien conocido el origen de la Coca-Cola a finales del siglo XIX como “elixir milagroso” inventado por el farmacéutico norteamericano John Pemberton, que incluyó en su composición extracto de hoja de coca para proporcionar a su tónico un cierto efecto vigorizante. Después, la suerte y el destino hicieron su trabajo: casi desde el principio, la Coca-Cola se convirtió en un mito. A la altura de 1890, los periódicos yankees, ávidos de misterios, enigmas, escándalos e historias truculentas, se preguntaban, suspicaces, cuál era el verdadero contenido de la Coca-Cola. Empezaron a circular extrañas leyendas. El fabricante insistía en que no existía ningún ingrediente inconfesable, en que no había nada que ocultar. Y, sin embargo, todavía muchas décadas después la cultura popular de Occidente sigue dándole vueltas, entre intrigada y fascinada, al tema de la composición secreta de la Coca-Cola. Un enigma que ha sobrevivido hasta nuestros días.
 
Entramos aquí en el abigarrado territorio de las leyendas urbanas y de las teorías conspiranoicas. ¿Cuál es el verdadero contenido de la Coca-Cola? ¿Sabía usted -claro que lo sabe: ¿quién no?- que un trozo de carne sumergido en Coca-Cola aparece completamente disuelto al día siguiente? ¿Y que la Coca-Cola sirve para desatascar cañerías? Algo secreto, corrosivo, enmascarado, se esconde bajo la apariencia inofensiva del refresco universalmente asociado al verano, a la juventud y a las playas californianas de Malibú. Existe una dimensión exotérica de la Coca-Cola; pero también otra esotérica, subterránea, de la que sólo tienen noticia un reducido grupo de iniciados. Los rumores circulan y se cuchichean en confianza. ¿Por qué no se da a conocer la fórmula secreta de la Coca-Cola, por qué está celosamente guardada en la caja de seguridad de un banco en Atlanta, por qué la multinacional más célebre del mundo basa todo su poder en un simple mito? ¿Por qué, durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército americano consideró una prioridad de primer rango -en orden a mantener la moral de la tropa- que las cajas de Coca-Cola llegasen hasta los más remotos frentes de batalla? ¿Por qué, a principios del siglo XXI, los relatos misteriosos en torno a la Coca-Cola siguen situados en el top-ten de las leyendas urbanas de nuestro tiempo?
 
En realidad, la razón es muy simple: bajo su apariencia profana, la Coca-Cola es la auténtica bebida sagrada de la moderna sociedad occidental. En las culturas tradicionales, los sacerdotes y chamanes elaboraban bebidas iniciáticas para entrar en contacto con el universo de los dioses. Nosotros, sumergidos como estamos en el más pedestre horizontalismo, en una inmanencia chata, roma y desprovista por completo de sprit, hemos sabido, sin embargo, conservar al menos un sucedáneo de las antiguas bebidas sagradas. Los escépticos, los positivistas, los aguafiestas de siempre, nos dirán que la Coca-Cola no esconde ningún secreto; que sólo es una vulgar mezcla de agua, azúcar, caramelo, un poco de cafeína, ácido fosfórico, extracto de vainilla, nuez moscada y unos cuantos ingredientes más: vamos, un refresco puro y duro, profano y superficial hasta la médula. Pero el instinto mitológico nos susurra otra cosa: que, pese a todo, la Coca-Cola constituye la bebida sagrada y mítica de nuestro tiempo. ¿Por qué no da igual beber Coca-Cola que cualquier otra cosa? Porque la Coca-Cola es fresca, joven, luminosa, como lo es arquetípicamente la América -el “Nuevo Mundo”- de la que representa el máximo símbolo. Sometido al flujo de Heráclito y a la ley inexorable del tiempo, todas las cosas envejecen; pero, al beber Coca-Cola -como al conducir un Ferrari Testa Rosa-, nos sumergimos de algún modo en lo que los antiguos llamaban la Fuente de la Eterna Juventud. El mundo, desgastado y caduco, se avejenta, se anquilosa, pierde su lozanía; pero existen mitos que nos devuelven a la luminosidad apolínea del mediodía, cuando el mundo parece retornar a su juventud primigenia. Nada menos que un regreso psicológico -aunque sea de tercera categoría- a la plenitud solar de un universo edénico: eso es lo que nos ofrece la Coca-Cola, la “chispa de la vida”. ¿Acaso no hay aquí algo que reclama nuestra más completa atención?
 
Queda por ver si la Coca-Cola seguirá siendo también un gran mito a lo largo del siglo XXI. Desde luego, sería deseable crear otros de mayor fuste. Y, para empezar, habría que proponerse elaborar toda una nueva simbología cultural del universo de las bebidas. Bucear con Husserl en la “esencia fenomenológica” de cada bebida, y a partir de ahí explorar un nuevo universo de significados, fuente de posteriores consecuencias culturales de todo tipo. Que es, por cierto, lo que habría que hacer con los demás elementos de nuestra hoy desfalleciente cultura, huérfana precisamente de esa fuente borbotante de significaciones que es como la madre de todas las cosas que ocurren en nuestro espíritu y, luego, en nuestro mundo.
 
Coca-Cola, “la chispa de la vida”. Hoy seguimos teniendo algo semejante a la vida; pero nuestra vida se encuentra desprovista de tal “chispa”. La chispa del espíritu, la alegría incontenible del ser que amanece a la existencia y que querría abrazar, en un amplexo grandioso, los dos extremos del mundo. Eso, eso es, más que ninguna otra cosa, lo que hoy necesitamos.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
miércoles, 29 de diciembre de 2010

La Coca Cola y sus acólitos

Honestamente, me parece medio tonto tanto discutir por una bebida que, entre otras cosas, ni tiene nada de extraordinario, el mala para la salud del ser humano por su contenido de azúcar y cafeína y que solamente representa a los yanquis y su absurdo ´´american way of life´´... Yo no la tomo porque ni me gusta la bebida esa, ni me gusta lo que representa. El que la quiera tomar, que lo haga... pero no vale la pena ponernos a discutir este artículo de tan poca importancia.
Saludos

# Publicado por: Aurelio (El salón de mi casa)
miércoles, 29 de diciembre de 2010

Gente Linda

jjjjjaj ,este señor ya esta para la frikipedia ,primero empezo con los ovnis , ahora la coca cola, lo proximo el chupacabras ?
La gente que al decir de Umberto Eco no soportan ´´que la humanidad haya salido de cuatro atomos que chocaron en una autopista mojada´´, son verdaderamente enternecedores, que seria del mundo sin ellos ?

# Publicado por: Elio Cesar (Uruguay )
miércoles, 29 de diciembre de 2010

lo importante es el secreto en si

Siento discrepar equiseqeuis, pero yo pienso que el análisis de Antonio es muy acertado. Pese a que la realidad parezca jodidamente irrefutable, escudada en su evidencia presencial... pero desértica realidad según Slavoj Zizek. La raza humana necesita de los mitos, porque, pese a la vorágine de apostasía, sigue temiendo a lo desconocido. La Coka-Cola viene a ser un símbolo que aporta confianza, pues ya son años los que lleva ´´ganándose´´ la confianza de todos nosotros. ¿Y si CERRARA la cocka-cola? ¿No eres capaz de experimentar un abismo al perder algo que parecía eterno? Esa sensación desvela una pérdida crucial, no una trivialidad, sino todo un mito... otro más de los que últimamente venimos erradicando. De hecho lo importante no es el contenido del secreto, sino que exista un secreto en si, lo que lo eleva y equipara al rango mistérico-religioso

# Publicado por: Zúñiga (Pontevedra)
miércoles, 29 de diciembre de 2010

HAY QUE RTORCERSE LAS MENINGES...

¿No se la ha ocurrido al sabiondo, que lo de la Coca-Cola es, lisa y llanamente, que nos gusta?. Porr mi parte, llevo toda la vida bebiendo el brebaje Me paso meses de ´´abstinencia´´ sencillamente porque no me apetece, y luego otros de cocacoladicto, por la misma razón inversa: me apetece. Y ya está. ¡Hay que jorobarse, hasta que punto se puede rebuscar, retorcer y complicar una cosa tan simple!. Ni símbolo esotérico, ni moda, ni druidismo. Gusta o no gusta, y por tnto, apetece o no. Y ya está. Si acertaron con una bebida que agrada a la mayoría de los primats que somos, pues qué bien.

# Publicado por: equiseqeuis (irun)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Antonio Martínez
¿Tienen futuro los periódicos de papel?
El cine de mi niñez
¿Es posible un "Islam de Francia"?
España en el laberinto
Cataluña en el diván
El ajedrez en la escuela
Los desmanes del "pedagogismo"
El demonio de Piketty
El misterio de la entropía académica
¿Igualitarios nuestros tiempos? ¡Por favor!…
¿Tiene Albert Rivera una "eminencia gris"?
¿Por qué están tan mal nuestros alumnos?
¿Qué le queda a España?
Piropos en Nueva York
REQUIEM POR "INFORME SEMANAL"
¿Adiós a la Historia de la Filosofía?
¿Tienen futuro nuestras librerías?
Nuestro tiempo, los actos ejemplares y la muerte de Dominique Venner
¿Debe el mundo "hacerse más pequeño"?
Vivir en los árboles
Por qué la comunicación no basta
Un Bachillerato clásico del siglo XXI
¿A favor o en contra de Las Vegas?
¿Un nuevo horario en el instituto?
¿Neutrinos más rápidos que la luz?
¿Por qué la simpatía entre Franco y Dalí?
¿Qué está pasando realmente en Europa?
¿Necesita Europa un nuevo doctor Mabuse?
¿Deben las baloncestistas usar un atuendo "sexy"?
Lo que nuestros alumnos saben de Rusia
Viena fin de siglo, ¿paraíso perdido?
El mundo celta dentro de la Europa de las regiones
Europa, capital París
¡La hortografia no es kosa del puevlo!
¿Hay que volver a Stonehenge?
¿Sería mejor un mundo sin ovnis?
Zapatero, el orgullo infinito
¿Hay que volver a las viejas enciclopedias?
Empieza otro curso en el instituto
¿Hay demasiada gente sobre la Tierra?
¿Qué significa el mito de la Tierra Hueca?
René Guénon, ¿profeta de nuestro tiempo?
El toro, Cataluña y el alma de España
España en la hora de la verdad
¿Qué debemos hacer con el velo islámico?
¿Por qué nos fascina la interconexión global?
¿Qué había en los ojos de la muchacha afgana?
¿Por qué todo parece estar yendo a peor?
La carrera que yo habría querido hacer
¿Haría usted un testamento espiritual?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36
2 Google, Facebook, tu portátil, tu televisor... te ven, te escuchan, te siguen
3 La crisis de la derecha política: modernidad y posmodernidad
4 El secreto de los populistas



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |