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TRIBUNA
¿Hay demasiada gente sobre la Tierra?

Antonio Martínez

13 de septiembre de 2010
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ANTONIO MARTÍNEZ

Somos demasiados y la superpoblación mundial amenaza el futuro del hombre sobre nuestro planeta: esto es lo que piensa Paul Ehrlich, especialista estadounidense en demografía que en 2009 recibió el Premio Margalef de Ecología, concedido por la Generalitat de Cataluña. Según Ehrlich, la Tierra podía soportar los 2.000 millones de habitantes de 1930, pero no los cerca de 7.000 millones de la actualidad. De manera que no es extraño que alabe sin apenas reservas la política china del hijo único.

No se trata, desde luego, de una tesis nueva: ya en 1968, el propio Ehrlich publicaba su ensayo The population bomb, en el que sostenía, como sigue haciendo hoy, que “tener más de dos hijos es egoísta e irresponsable”. En su opinión, sólo existe un camino razonable para nuestra especie: la limitación drástica del número de nacimientos, dentro de una óptica estrictamente malthusiana. Quienes critican a Ehrlich argumentan que no se trata tanto de reducir o limitar la población como de cambiar el derrochador estilo de vida característico de Occidente, y que hoy se está extendiendo al resto del planeta: una forma de vivir –de consumir: ya son entre nosotros tristes sinónimos– que amenaza con agotar los recursos naturales; sin embargo, Ehrlich responde que hay que modificar simultáneamente y a la baja ambos factores.
 
Sin embargo, ¿tienen realmente razón quienes, como él, y desde una perspectiva ecologista radical, propugnan una política antinatalista sin concesiones? Desde la década de 1970, los programas de control de la natalidad auspiciados por la ONU, sobre todo en los países del Tercer Mundo, han aplicado esta lógica, que a muchos les parece de sentido común: a más población, mayor consumo de recursos, mayor degradación del planeta y, a medio plazo, pobreza y hambre dentro de un horizonte crítico de superpoblación, fuente de todo tipo de tensiones y conflictos darwinianos (la actual lucha soterrada entre China, Rusia, India y Estados Unidos por los recursos naturales del Asia Central es un buen ejemplo de ello). Ahora bien: por otra parte, nos encontramos con la paradoja de que, en los países occidentales, el envejecimiento de la población, junto con las bajas tasas de natalidad, amenazan el futuro del crecimiento económico: en todo país pujante y que crece, aumenta la población a la vez que se amplia la decisiva clase media y se produce una elevación de todos los índices de desarrollo. De manera que, acompañado –claro está– por otros factores esenciales (educación, sanidad, infraestructuras, facilidades para la iniciativa privada, estabilidad social y política etc.), el crecimiento demográfico constituye a la vez una consecuencia y una causa del progreso general de un país.
 
Y parece lógico que lo que vale para un país lo haga para el planeta Tierra en su conjunto. Haciendo abstracción de que limitar legalmente el número de hijos sólo es posible dentro de un sistema político fuertemente autoritario, incompatible con las bases filosóficas de las sociedades de Occidente, el caso es que regresar a los 2.000 millones de habitantes de 1930, como propone Ehrlich, además de irrealizable en la práctica, sería contraproducente. Una reducción demográfica de esas proporciones sólo podría significar un retorno general a las condiciones generales de vida de 1930: el sistema social es un todo holístico y orgánico en el que, si se modifica enérgicamente un factor, todos los demás quedan al momento afectados. De hecho, la reducción a 2.000 millones sólo sería posible como consecuencia de una pandemia que diezmara radicalmente la población mundial, o bien de una guerra nuclear de proporciones masivas: la cual –es evidente– no sólo reduciría la población, sino que resultaría devastadora desde el punto de vista civilizacional y económico, extendiendo la pobreza, el hambre y la enfermedad por toda la Tierra –una Tierra ya no superpoblada, eso sí. No parece que Ehrlich propugne soluciones tan extremas, aunque simpatizan con ellas algunos de los defensores más fanáticos del ecologismo radical: desde su punto de vista, el ser humano es un virus incontrolado que amenaza la supervivencia de Gaia, y lo más digno que podría hacer es autosuprimirse y desaparecer.
 
Parece claro, en fin, que quienes comparten las posturas de Paul Ehrlich cometen un fatal error de perspectiva: la población no es el problema. Cuando una sociedad crece armónicamente, el incremento de la población se produce en paralelo a una elevación del nivel de conocimiento y de la consiguiente eficiencia en la explotación de los recursos. Digamos que, con un nivel de conocimiento y de organización social A, un territorio de 100.000 kilómetros cuadrados puede sostener a un millón de personas, dentro de un determinado nivel de vida; pero, con un nivel B, más elevado y que redunda en una mayor eficiencia general (desde luego, en cuanto a la explotación de los recursos, pero no sólo respecto a eso: pensemos, por ejemplo, en la evitación y resolución de conflictos, esencial para la estabilidad y el progreso de una sociedad), ese mismo territorio se torna suficiente para tres millones; y con un nuevo y aún más elevado nivel C, podría sustentar pongamos que a seis millones de personas. Por supuesto, lo realmente catastrófico y explosivo es tener seis millones con un nivel A.
 
Conclusión: el problema no es la población –un esencial factor de crecimiento, no lo olvidemos–, sino el nivel de eficiencia general de una sociedad. A mayor eficiencia, mayor posibilidad de asumir nuevos incrementos demográficos. Y tal es el verdadero desafío de nuestro mundo en la hora actual: actuar desde una visión planetaria y, lejos de políticas como la china del hijo único –que está creando ya graves disfunciones–, comprender que sólo el nivel general de eficiencia, la creación de una sociedad rica, compleja y efervescente en conocimiento y en “producción de bien” en todas las dimensiones de la realidad puede resolver los múltiples problemas que actualmente nos aquejan.
 
Ni que decir tiene que el aumento del nivel general de eficiencia significa hoy, en último término, la creación de un nuevo tipo de cultura: contra la entrópica, desquiciada y antieficiente de nuestro tiempo, una cultura de la belleza, el bien y la complejidad. Una cultura que se sacuda los tópicos y mentiras que nos atenazan y que sólo puede desarrollarse dentro de un amplio clima de libertad: libertad de pensamiento, desde luego; también libertad religiosa, política, cultural y social; y, desde luego, libertad demográfica, para que algunos no tengan ningún hijo, otros tengan dos o tres, y otros decidan tener seis o siete, lo cual no tiene por qué ser una rémora para el ulterior desarrollo de un país, sino que hay que verlo, más bien, como una de las condiciones para que se mantenga su desarrollo.
 
¿Hay demasiada gente sobre la Tierra? No: lo que hay es demasiada estupidez, demasiado egoísmo, demasiada irracionalidad, demasiada indiferencia a la felicidad profunda del ser humano, demasiada falta de imaginación y de humanidad. Paul Ehrlich, premio Margalef, se equivoca: lo que está pidiendo a gritos el mundo de hoy no es una drástica reducción demográfica, sino un nuevo y más luminoso tipo de sociedad y de cultura.

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COMENTARIOS
sábado, 15 de octubre de 2011

Repartamos el único recurso de que disponemos con seguridad: el sol

Que somos muchos no hay duda; eso hace que los recursos energéticos no lleguen para todos y lo que es peor el alimento.
Deberían las ONGs cambiar la política de llevar alimentos por la de llevar médicos que practique la vasectomía a todos los hombres de paises sin recursos, más alilmentos en esos lugares promueve más población y más miseria, ¿cómo puede una mujer de Somalia con unos 25 años de edad sostener 11 hijos.? Empecemos por los hombres que son la semilla del tercer mundo. Además a más población más emigración a otros lugares, generando peor calidad de vida.
La población debería contenerse de tal manera que se calculase su tasa de crecimiento o mantenimiento en base a la única energía segura que tenemos, el sol, pues el petróleo nos lo hemos bebido en poco más de 100 años. Bajar a un nivel de unos 4000 millones de seres humanos sería una cifra alcanzable y correcta.

# Publicado por: Carlos Navarro (Santa Cruz de Tenerife)
sábado, 30 de octubre de 2010

Los Hombres Sobran

http://loshombressobran.webs.com/

# Publicado por: purisima (argentina)
martes, 14 de septiembre de 2010

Hay demasiada población

No estoy de acuerdo con lo que dice Antonio Martínez y sí con lo que dice Ehrlich: hay demasiada población, y sería mejor reducirla a largo plazo. Obviamente, los cambios demográficos llevan tiempo y si se hacen drásticamente pueden dar lugar a problemas, como el envejecimiento de Europa, pero una política de gradual decrecimiento de la población es deseable. Y la solución actual al envejecimiento de la población está clara: los flujos migratorios pueden compensar los excesos y defectos de natalidad de países pobres y ricos.

# Publicado por: Martín López Corredoira (Begonte, Lugo)
martes, 14 de septiembre de 2010

Totalmente de acuerdo

Suscribo lo que dice, Abel. La natalidad se regula en cuando se adquiere cultura, educación y condiciones de vida civilizadas. Los países que más natalidad tienen son los más pobres, con escasa o nula infraestructura mínima para la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos. Hay millones de mujeres sometidas a una situación degradante, condenadas a trabajar de sol a sol en el campo mientras paren muchos hijos a los que alimentan a duras penas. Otros grandes problemas de nuestro mundo son la pobreza extrema, el fanatismo religioso o las tradiciones incompatibles con el respeto a la dignidad de la persona, léase casar a niñas en la India o ablación de clítoris.

# Publicado por: Tetsuko (Nipponia)
martes, 14 de septiembre de 2010

No sobra nadie, todavía.

Todos tenéis parte de razón, pues el asunto tiene muchos aspectos. ¿Se imaginan la Tierra con 70.000 millones de personas? Multipliquen con 10 las cifras actuales: España 460 millones de personas, China 15.000 millones, Europa 6.000 millones. Está demostrado que la baja natalidad es propia de países desarrollados, con sistemas de salud y de educación óptimos. Luchemos pues por un desarrollo sostenible y la natalidad (un derecho fundamental) se autoregulará

# Publicado por: Abel (VALENCIA)
martes, 14 de septiembre de 2010

Dilema difícil de solucionar

El autor del artículo dice que, a mayor eficiencia, mayor posibilidad de asumir nuevos incrementos demográficos. Supongamos que un país incrementa su eficiencia durante décadas, incrementando paralelamente su población hasta tal punto de doblarla cada 20 años, y tratando de mantener el mismo nivel de vida. Esto conllevaría un incremento paralelo del consumo de recursos. ¿Es eso sostenible? Yo creo que no. No entiendo mucho de demografía, pero mi sentido común me dice que la mayor parte de los problemas que tenemos ahora mismo en el mundo se deben a que somos demasiados. Crisis, guerras por el control de unos recursos cada vez más escasos porque hay que repartirlos entre cada vez más, incremento del nivel de vida de los países del Extremo Oriente, etc.

# Publicado por: Tetsuko (Nipponia)
lunes, 13 de septiembre de 2010

Cosas concretas

Gente es una generalidad como cualquier otra. Mejor digamos qué vamos a hacer cuando miles de millones de chinos, árabes, negros, andinos y sus variantes, se arrojen sobre unos poquitos descendientes de europeos que a la edad en que sus antepasados conquistaban continentes, están procupados por el botellón y otras cosas parecidas. ¿A alguien le suena el nombre de Oswald Spengler? Pero quizá para ese momento ya no existan eurodescendientes ni cultura europea, ni nadie sepa lo que eso quería decir.

# Publicado por: ulfron (Bs. Ais.)
lunes, 13 de septiembre de 2010

Uno de esos debates interminables

Se trata de una de esas cuestiones que suscitan interminables y encendidos debates, sin que al final se consigan avances o conclusiones al respecto. Naturalmente, la cuestión no tiene respuesta sencilla ni número mágico que la conteste, porque depende de innumerables factores. Además, el hecho de que se refiere a seres humanos -nosotros-, la personaliza y la complica. Sin embargo, si no fuera así, la respuesta sería más fácil e inmediata. Además, existen por ahí simulaciones e historietas al respecto. Por ejemplo, las que tratan de la evolución de las poblaciones de lobos y corderos en una isla. Así que propongo cambiar ligeramente los términos de la pregunta: ¿Podría crecer indefinidamente el número de gorrinos sobre la tierra?


# Publicado por: Old newbie (Granada)
lunes, 13 de septiembre de 2010

Pues vaya!!!

Llevan una vida con la contradicción servida. Sobra gente, falta gente... ¿ Cómo se digiere que Europa se muere, que necesite mano de obra de otros paises, y al mismo tiempo sobre gente? A mi me vienen ideas poco sanas sobre esas noticias, pues parece que se quiere indicar que sobran los demás... Europa hace años que está en declive... y cuando uno osa a tener mas de dos hijos se convierte en un ser asocial...falta gente pero se prefiere que sean de otros lugares a rellenar las insuficiencias, mientras tanto nos quejamos de que Europa se esté convirtiendo en una sucursal del Islam...No hay quien nos entienda. Yo hace tiempo que he dejado de darle vueltas a este asunto, no nos va a eliminar la falta de demografia , nos va a eliminar nuestra eterna contradicción.

# Publicado por: manu (españa)
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