''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Jueves, 23 de marzo de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36

JAVIER R. PORTELLA
Un fantasma recorre Europa: el populismo identitario
 
El laberinto de la identidad europea
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
Re-Visiones sin Pasiones

Darwin: evolucionismo o creacionismo

Jesús J. Sebastián

31 de agosto de 2010
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JESÚS J. SEBASTIÁN

Siguiendo las fuentes de inspiración del francés Lamarck y del inglés Malthus, Charles Darwin marcó las líneas maestras por donde iban a transcurrir las teorías racistas. Autor del “Origen de las especies” (o La Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida), concluyó que la selección natural hacía que los individuos mejor adaptados y más fuertes estaban destinados a sobrevivir y dominar sobre los más débiles: «el desarrollo de las criaturas vivientes se vincula a la lucha por la vida en la naturaleza. Esta lucha favorece al más fuerte. El débil está condenado a la derrota y a la extinción». Era, pues, una lucha sin misericordia que se presentaba como un conflicto eterno, en el que el fuerte siempre acaba imponiéndose al débil. La lucha por la supervivencia era una ley natural permanente e inexorable. Así, aceptando el juego de esta ley natural para el ser humano, podían justificarse todos los conflictos y todas las masacres provocadas por el racismo colonialista porque ya se disponía de una “base científica”. Jacques Barzun dirá con razón que, a partir de Darwin, todo “el decurso de la vida era biológico” y surgieron imperialismos que pedían carta blanca sobre los pueblos atrasados, así como tendencias racistas que propugnaban las purgas internas de elementos extranjeros.

Darwin supuso que la lucha por la supervivencia se aplicaba también a las razas humanas. Las favorecidas, especialmente las razas blancas europeas, resultarían victoriosas frente a las africanas y las asiáticas que habían quedado rezagadas, siendo así que las razas humanas civilizadas exterminarían a las salvajes en todo el mundo. «Al mismo tiempo, los monos antropomorfos (entre los que incluía a los tipos humanos negroides y australoides) serán, sin duda, exterminados».
 
Es posible que Darwin no fuera racista y que fueran los posteriores teóricos del racismo los que manipularan tendenciosamente sus ideas para sustentar científicamente sus objetivos. Pero los comentarios de Darwin sobre cierto tipo de “salvajes”, como los negros africanos y los aborígenes australianos, a los que considera iguales a los mandriles o los gorilas, para justificar así cualquier acción dirigida contra su multiplicación y, por fin, a su extinción, dejan poco margen a la duda razonable. Así, mientras la nueva antropología se convertía tempranamente en el respaldo teórico de la corriente denominada “monogénesis”, según la cual todos los seres humanos, con independencia de su raza, descendían de Adán y Eva, mediante un acto original de creación divina (creacionismo), el darwinismo fomentó la teoría contraria llamada “poligénesis”, según la cual las distintas razas habían surgido de desarrollos evolutivos diferentes (evolucionismo).
Por otro lado, Darwin adelantó ya las premisas de la selección eugenésica cuando se lamentaba de que entre las razas salvajes sólo sobrevivieran los elementos más vigorosos, mientras que entre las razas civilizadas se hacían los mayores esfuerzos para impedir la eliminación natural de los enfermos, tullidos e imbéciles, protegiéndolos con numerosas medidas para que pudieran continuar viviendo. «De este modo, los miembros débiles de las sociedades civilizadas pudieron propagar su linaje. Nadie que haya prestado atención a la cría de animales domésticos dudaría que esto tiene que ser muy nocivo para la especie humana». Concebida de esta forma, la teoría de Darwin sobre la supervivencia de los más fuertes, aplicada a la evolución de las razas humanas, culminaba con la civilización del ser humano blanco, un racismo implícito que la gran mayoría de los científicos occidentales admitió como algo natural.
 
Sobre esta teoría evolutiva de las especies mediante la selección natural por la existencia, el sueco Carl von Linné (Linneo), siguiendo la corriente que se conoce como “darwinismo social” o socialdarwinismo, argumentó que las leyes de la selección natural también afectan a los humanos, existiendo unas razas más fuertes que otras en razón de ciertas condiciones biológicas. Y para demostrar antropológicamente la existencia de distintas razas clasificó a los humanos en cuatro categorías raciales: europeus (blanco, sanguíneo, ardiente, pelo rubio ligero, fino, ingenioso, se rige por leyes), americanus (rojizo, bilioso, recto, pelo negro, liso y oscuro, nariz dilatada, alegre, libre, se rige por costumbres), asiaticus (cetrino, melancólico, grave, pelo oscuro, ojos rojizos, severo, fastuoso, avaro, se rige por la opinión) y afer (negro, indolente, disoluto, pelo negro crespo, piel aceitosa, nariz simiesca, labios gruesos, vagabundo, negligente, se rige por la arbitrario). Sin obviar los prejuicios racistas que se constatan entre la descripción del hombre blanco europeo y el negro africano, éste es el primer intento de clasificación racial en base a determinados rasgos antropológicos, físicos y psicológicos de los distintos tipos humanos. Del “darwinismo social” se había pasado ya al “darwinismo racial”.
 
Otro exponente del darwinismo social fue Herbert Spencer, a quien debemos la teoría de la “supervivencia del más apto”, mediante la cual sugería que las características innatas o heredadas tienen una influencia mucho mayor que la adquiridas o las debidas a los factores educativos o ambientales, posibilidad, no obstante, que nunca fue del todo admitida por Darwin, especialmente en “La descendencia del Hombre” donde hace gala de una especie de “humanismo materialista”, cuya dialéctica no encaja con las ulteriores corrientes racistas. En cualquier caso, las ideas del naturalismo darwiniano, pese al rechazo del ámbito religioso, fueron rápidamente aceptadas por el mundo científico y la intelectualidad europea, utilizándose tanto para justificar las desigualdades entre las clases sociales, como para explicar la superioridad racial y el dominio colonial de unos pueblos sobre otros: el expansionismo imperialista y etnocentrista europeo contaba ya con su propia doctrina. Será Ernst Haeckel, filósofo y biologista alemán, quien vulgarizará las concepciones del darwinismo social que formarán parte del futuro edificio ideológico nacionalsocialista.
 
Estas ideologías tuvieron su eclosión en Europa a lo largo del siglo XIX fundamentándose en una inventada dicotomía “civilización-barbarie”, en la que Europa representaba el “progreso civilizador” y los pueblos colonizados la “encarnación de la barbarie”, concepción que presidió las guerras coloniales y que durante el siglo XX se trasladaría a los campos de combate europeos. El sociólogo Brodsky cree que «la transformación de la guerra de conquista en guerra de exterminio tuvo que ver, necesariamente, con una transformación ideológica radical en las sociedades. El grado de violencia y destructividad involucrado en los procesos de exterminio de masas alcanzó tal magnitud que, para poder implementarlos, fue necesaria una profunda transformación en la mirada hacia “el otro”, transformación que se fue produciendo a lo largo del siglo XIX, en particular con el desarrollo de la interpretación darwinista en el ámbito de las ciencias sociales y la concepción positivista de las mismas –en particular, las teorías eurocéntricas-, las cuales fueron desarrollándose como justificación del colonialismo europeo. Así, Europa representaba el “progreso civilizador” y la conquista era el “precio” que los “pueblos atrasados y primitivos” debían pagar para progresar.»

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
martes, 07 de septiembre de 2010

Perder el rumbo

El artículo es anti-evolucionista, busca posicionar el creacionismo como verdad dogmástica. El evolucionismo no tiene nada, absolutamente nada que ver con el racismo. El racismo es una de nuestras lacras, como seres humanos, que se supera con la educación y el conocimiento sobre los orígenes de los humanos. Demostrado está, que el orígen humano fue la cuenca del OMO en Etiopía, Africa. Los distintos colores de la piel se deben al medio en el cual vivieron por cientos de miles de años nuestros antepasados. Lo que influyó no fue solo un factor, sino varios; alimentación, temperatura, habitos, etc. Por lo tanto y con el máximo respeto propongo, antes de emitir opiniones, informarnos bien sobre el tema y luego dar opinión. No debemos, como seres humanos informados, seguir a cualquier autor en sus apreciaciones. Sino buscar la información y luego tomar partido. Dice el aforismo:´´Es más facil creer que ir a averiguar´´. Averiguemos y luego emitamos opinión.-

# Publicado por: Enrique Martínez-Avellaneda (Montevideo (Uruguay))
miércoles, 01 de septiembre de 2010

La selección inversa del sistema

Lo curioso de todo esto es que el capitalismo colonialista del S. XX, fue el principio de esta globalización en la que parece existir la selección inversa, y el más miserable ejemplar humano puede en este sistema llegar a la cumbre. Lo superior nunca viene de la materia, sino del espíritu, aunque tome en determinados ciclos unas características materiales más o menos determinadas.

# Publicado por: ulfron (Bs. Ais.)
martes, 31 de agosto de 2010

La mirada al otro.

El último párrafo del artículo parece romper con la correcta vía vulgarizadora que recorre el autor, tratando de ponernos delante una panorámica de cierto nivel descriptivo, científico, objetivo, sobre el desarrollo histórico de las contradicciones que surgen en materia social desde la formulación de la evolución de las especies por Darwin.
Lo que tengo contra (?) ese párrafo es lo abrupto del corte final para el tema, y que parezca dar a entender (no lo creo) que para el Sr. Sebastián, la transformación de ´´la mirada al otro´´ como necesaria para las barbaridades genocidas cometidas durante el siglo XX, llega directamente del Sr. Darwin. En mi opinión, la cita a Brodsky, no es la más adecuada para el cierre. Hubiera sido mejor continuar desarrollando lo que sugiere Sebastián con su ´´dicotomía inventada´´, en el mismo párrafo. Tal vez Brodsky se encontraba muy limitado por la miseria intelectual inherente a la comunicación en espacios televisivos, de síntesis sobre asuntos complejísimos..., si se trata del Brodsky que supongo.

# Publicado por: Pedro María Górriz (Berango, Vizcaya.)
martes, 31 de agosto de 2010

El mantra del anti-racismo

Sólo UNO DE CADA CIEN niños que nacen es de raza blanca... Ese es el resultado final del RACISMO: extinción de la raza blanca. Ante tal hecho, se me ocurren dos posibilidades: br br 1- Que el concepto racismo haya sido creado ex profeso con el objetivo de, posteriormente, demonizarlo (con ´´pruebas´´ sobre su perversidad intrínseca). De tal forma que todo pensamiento identitario, por muy legítimo que sea, pueda ser tachado de racismo-xenofobia... dejando así vía libre a la MUNDIALIZACIÓN-UNIFORMIZACIÓN. br 2- Que el racismo, como supremacismo, sólo exista entre los blancos. Pero entonces estaríamos ante una DEMOSTRACIÓN de que sí hay diferencias notorias entre razas: Si el racismo (el malo) ha surgido sólo en la raza blanca, esto querría decir que dentro de esa raza, por alguna razón (biológica), existe una tendencia más acusada a sentirse diferente de las demás, tendencia que no existiría en ninguna otra raza... br

# Publicado por: Rubus Ulmifoliu (Madrid)
martes, 31 de agosto de 2010

¿Y es que acaso no es verdad?

El ser humano es el que mejor se ha adaptado a su medio, la naturaleza. Tanto es asi que ha creado su ´´propia naturaleza´´: la civilizacion. Pero no ha sido creada al unisono, diferentes grupos humanos ensayaron la civilizacion a su modo. Ha sido un grupo en particular, la raza blanca, al que mejor le ha slido este ´´ensayo´´. Esto sigue siendo ´´seleccion natural´´.

# Publicado por: LUIS (MADEID)
martes, 31 de agosto de 2010

Males

Achacarle males a Darwin es como imputarle todos los males de la Iglesia a Cristo.

# Publicado por: Fernando Fernández Garganta (La Plata - Argentina)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Jesús J. Sebastián
El laberinto de la identidad europea
El enigma Georges Sorel
El «pensamiento ambidiestro»
Hacia el Imperio interior
La revolución biotecnológica
Arqueología del fascismo
El enemigo americano
El Mito Indoeuropeo
El reverso del comunitarismo
¿Ciudadanos o átomos?
Contra el mundialismo neoliberal
¿Un antirracismo diferencialista?
¿Qué Nación?
¿Demos contra Aristos?
Homo agonalis
El sexo de los ángeles
Elogio de la disidencia
¿Para cuándo una economía alternativa?
El dilema igualitarismo / anti-igualitarismo
El TTIP: amenaza neoliberal
La soberanía digital
El fin de la soberanía
Verstrynge: o la misteriosa deriva de un náufrago político
Contra Occidente
Ortega y la catástrofe regeneradora del 14
Un relato sobre la «Nouvelle Droite» y el «Front National»
¿Una Europa alemana?
Ramiro de Maeztu
Alain de Benoist en español
España, ¿federación o autodeterminación?
Carl Schmitt, ¿otra corriente de la Revolución Conservadora?
La fascinante experiencia de la Revolución Conservadora alemana (1919-1932)
La crisis de la modernidad en España
El principio aristocrático en Ortega y Gasset
El eterno retorno al mito nacional europeo
Mishima o la redención por la muerte
Pío Baroja, una antropología del dolor
El Manifiesto de Unamuno contra las dos Españas
Ortega: Europa y la Revolución Conservadora alemana
Los gitanos, ¿un problema hindu-europeo?
El inasible concepto de raza (y II)
El inasible concepto de raza (I)
Conservadurismo revolucionario
frente a neoconservadurismo
El orden de las castas
La Nueva Derecha: en la senda de la Revolución conservadora alemana
El mito nórdico
Patrón oro o patrón riqueza
Una biología histórica de España (I): mitología
La bancarización del Estado
¿Democracia o usurocracia?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 Quieren prohibir las procesiones de Semana Santa: "esa ofensa al islam"
2 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36
3 Google, Facebook, tu portátil, tu televisor... te ven, te escuchan, te siguen
4 La crisis de la derecha política: modernidad y posmodernidad



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |