''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Jueves, 23 de marzo de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36

JAVIER R. PORTELLA
Un fantasma recorre Europa: el populismo identitario
 
El laberinto de la identidad europea
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
Crisis del capital financiero - II

La bancarización del Estado

Jesús J. Sebastián

17 de junio de 2010
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JESÚS J. SEBASTIÁN

 En 1811 se suscitó un interesante debate sobre la naturaleza del dinero y su manipulación entre parlamentarios, banqueros y “expertos en moneda” (los economistas de entonces), investigándose el cambio y la crisis económica con causa en los responsables del dinero, esto es, en los prestamistas que aumentan la oferta de billetes y depósitos y, por ende, sobre el efecto derivado sobre los precios y la producción. En definitiva, la cuestión era la siguiente: ¿respondía el dinero a la economía nacional o aquél influía autoritariamente sobre ésta?

 Ya en los orígenes de la banca, W. Paterson, fundador del Banco de Inglaterra, gran genio financiero e idealista entusiasmado por la creación de una colonia en el istmo de Panamá (en realidad, no era idealismo, sino intuición de lo que pasaría en el futuro), presionó a Guillermo de Orange, que a la sazón necesitaba dinero urgente “para financiar sus guerras”, mediante la creación de una compañía bancaria real que garantizase la emisión de billetes y la suscripción de inversores para facilitar el establecimiento de escoceses en América. Aquello fue la maravilla de la banca. Sólo hubo dos problemas: los colonos murieron y los inversores se arruinaron.
 
Un papel trascendental jugó la banca en la génesis de la catástrofe financiera de aquel viernes de octubre de 1929. El Federal Reserve Board, único emisor de dinero en Estados Unidos por votación inconstitucional (no existió quórum suficiente) en 1913, inició la concesión de créditos “baratísimos” a la industria y a los especuladores bursátiles, lo cual provocó un alza espectacular en las cotizaciones. Cuando la nación norteamericana se encontraba trabajando a pleno rendimiento y potencia, la banca sube el “valor” del dinero, es decir, la tasa del descuento del mismo, y simultáneamente se retiran los préstamos a las empresas –que en su mayoría eran “a la vista” y, por tanto, podían ser retirados “ipso facto” y sin previo aviso por la entidad bancaria-. Las consecuencias del desastre son suficientemente conocidas.
 
Hoy asistimos como simples espectadores a un hecho insólito: la absorción del Estado por la Banca privada (la cosmopolita y apátrida finanza internacional), de tal forma que anteriores iniciativas de “nacionalización bancaria” se han transmutado en operaciones de “bancarización estatal”. La causa resulta ser, en primer lugar, la masiva deuda exterior propiciada por los grandes grupos bancarios. Estas cantidades son, de hecho, imposibles de saldar, por lo que los países caen en el mantenimiento permanente de la deuda que, al no ser satisfecha, aumenta los intereses constantemente, que son pagados con nuevos créditos bancarios y sus correspondientes intereses (el interés sobre el interés). Un pez que se muerde la cola. Por ello es el Estado el que sufre una “bancarización”, pues él es el máximo deudor de la banca y utiliza para pagar los préstamos los mismos métodos con los trabajadores, a través de la creación de dinero escriptural, los créditos políticos y los préstamos públicos.
 
Un agravante de esta situación es el hecho de que los partidos políticos también están endeudados con los bancos que financian sus campañas electorales y propagandísticas, cobrándose después largamente, cuando alguno de ellos está en el trono del poder, con privilegios financieros, prebendas económicas y facilidades de inversión. Aquí la banca apuesta sobre seguro: financia a todos los partidos políticos, sin consideraciones sobre sus posibilidades de éxito: ya pagará el caballo ganador. Hace un tiempo, el entonces presidente de la patronal bancaria, Rafael Termes, ante la proximidad de elecciones generales declaró que “los siete grandes bancos actuarían como un sindicato a la hora de suscribir créditos con los partidos”. Donde dice “sindicato” coloquen ustedes cualquier otro término que describa a un “grupo de presión” con intereses mancomunados.
 
Según Galbraith, la banca intenta siempre evitar un terrible “ajuste de cuentas”: los bancos proporcionan dinero en forma de créditos por un valor nueve veces mayor que los billetes auténticos emitidos por la autoridad monetaria, por lo que si los clientes depositantes acudieran en masa a reintegrar el dinero propio, el banco quebraría, el “milagro” se descubriría y el Estado tendría que tomar medidas contra aquellos “genios financieros”. Este absurdo se debe a que el trabajo, la producción y el consumo se hallan sometidos al “dinero financiero” y no a la inversa como sería lógico, racional y, finalmente, más económico. Por ello, hoy más que nunca, hace falta una reflexión que delimite los intereses de los países y de la banca privada, situando ésta en el lugar que le corresponde: la empresa financiera como un servicio público y no como la explotación sistemática de los Estados y sus ciudadanos a través de sus arriesgadas operaciones de crédito.
 
Desde luego, sería estúpido creer que este debate tenga alguna posibilidad de suceder, pero sería irresponsable no denunciarlo.

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
martes, 22 de junio de 2010

La soberanía monetaria

www.simec.org


Retomemos la propiedad de nuestro dinero. HOY NUESTRO DINERO nace PROPIEDAD de la banca que la emite prestándola. Queremos que nazca PROPIEDAD del CIUDADANO y que sea ACREDITADA a cada uno de ellos como ´´RENTAS DE LA CIUDADANÍA.´´ Para escribir esta frase que es válida para todas las monedas en circulación se han necesitado 36 años de estudios universitarios (tesis, congresos, etc.) En el el ateneo de jurisprudencia de Teramo y ´´La Sapienza´´ de Roma. Porque la democracia significa soberanía política popular, las personas también deben tener la soberanía monetaria que es parte constitutiva de esa política y parte constitutiva y esencial en un sistema de verdadera democracia, o integral en la que la moneda debe ser declarada, a título original, propiedad de los ciudadanos desde el momento de su emisión.

Giacinto Auriti.


# Publicado por: Zurraquin (Ávila)
jueves, 17 de junio de 2010

hay que escribir sobre verdades olvidadas

ES LA HORA DE LOS VALIENTES, DE LOS QUE DENUNCIAN SIN CEGUERAS. , DEL AOBJETIVIDAD, DE LA LIMPIEZA. br SIN ADORNOS Y SIN PARTIDISMOS MISERABLES..EN FIN br SIGA ASÍ ,,PORQUE LA QUE VIENE ENCIMA REQUIERE AUDACIA Y HONRADEZ CON MAYÚSCULAS ; br SE DEVOLVERÁ SU SIGNIFICADO A LAS PALABRAS MALAGASTADAS?

# Publicado por: ALEJANDRO (ALICANTE)
jueves, 17 de junio de 2010

Sin miedo ni esperanza

Sería irresponsable no denunciarlo,pero es muy arriesgado hacerlo,son demasiados los que sufren de ceguera interesada,los que por conservar su parte del botín no quieren ver el dolor del mundo,acabaran pagando ciertamente,pero esa es ya otra cuestión.
Su valentía le honra.

# Publicado por: Juan (Granada)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Jesús J. Sebastián
El laberinto de la identidad europea
El enigma Georges Sorel
El «pensamiento ambidiestro»
Hacia el Imperio interior
La revolución biotecnológica
Arqueología del fascismo
El enemigo americano
El Mito Indoeuropeo
El reverso del comunitarismo
¿Ciudadanos o átomos?
Contra el mundialismo neoliberal
¿Un antirracismo diferencialista?
¿Qué Nación?
¿Demos contra Aristos?
Homo agonalis
El sexo de los ángeles
Elogio de la disidencia
¿Para cuándo una economía alternativa?
El dilema igualitarismo / anti-igualitarismo
El TTIP: amenaza neoliberal
La soberanía digital
El fin de la soberanía
Verstrynge: o la misteriosa deriva de un náufrago político
Contra Occidente
Ortega y la catástrofe regeneradora del 14
Un relato sobre la «Nouvelle Droite» y el «Front National»
¿Una Europa alemana?
Ramiro de Maeztu
Alain de Benoist en español
España, ¿federación o autodeterminación?
Carl Schmitt, ¿otra corriente de la Revolución Conservadora?
La fascinante experiencia de la Revolución Conservadora alemana (1919-1932)
La crisis de la modernidad en España
El principio aristocrático en Ortega y Gasset
El eterno retorno al mito nacional europeo
Mishima o la redención por la muerte
Pío Baroja, una antropología del dolor
El Manifiesto de Unamuno contra las dos Españas
Ortega: Europa y la Revolución Conservadora alemana
Los gitanos, ¿un problema hindu-europeo?
El inasible concepto de raza (y II)
El inasible concepto de raza (I)
Darwin: evolucionismo o creacionismo
Conservadurismo revolucionario
frente a neoconservadurismo
El orden de las castas
La Nueva Derecha: en la senda de la Revolución conservadora alemana
El mito nórdico
Patrón oro o patrón riqueza
Una biología histórica de España (I): mitología
¿Democracia o usurocracia?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 Quieren prohibir las procesiones de Semana Santa: "esa ofensa al islam"
2 FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Perderéis como en el 36
3 Google, Facebook, tu portátil, tu televisor... te ven, te escuchan, te siguen
4 La crisis de la derecha política: modernidad y posmodernidad



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |