''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Domingo, 26 de mayo de 2013 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier Ruiz Portella  
Intervención extranjera en la guerra civil
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella
Revistas Baratas

El suicidio de Dominique Venner
Es un acto de un desesperado contra la vida que Dios nos ha dado y que debemos respetar a toda costa
Es un acto heroico que, cualesquiera que puedan ser las repercursiones que logre, hay que saludar con respeto y admiración
Es un acto respetable, sí, pero detestable y carente de sentido. ¿Para qué queremos héroes?

JUAN PABLO VITALI
Saludo, desde el otro lado del mar, a Dominique Venner

DOMINIQUE VENNER
El sentido de la muerte y de la vida

JAVIER RUIZ PORTELLA
"Pero, ay, nuestra especie vaga en la noche"…

DAMIÁN RUIZ
España y el catalanismo político
Firme el manifiesto
 Revistas Baratas
 Vinotecas
 Psicólogos Madrid
 Psicólogos Mundo
 Cursos de Atención
 al Cliente
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
TRIBUNA
¿Podemos utilizar el cine de otra manera?

Antonio Martínez

28 de mayo de 2009
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

ANTONIO MARTÍNEZ

Hace unas fechas, en la Biblioteca Municipal de Cartagena, me llamó la atención un grupo de tres chicas que cuchicheaban ante los estantes de DVD’s cinematográficos que actualmente ofrecen a sus socios casi todas las bibliotecas públicas. Tenían unos catorce o quince años y aspecto en cierto modo bohemio y alternativo. Y, si interpreté bien sus comentarios, se trataba de tres amigas muy aficionadas a ver películas y que tenían la costumbre de quedar con frecuencia en casa de alguna de ellas para ponerse una película y luego hablar sobre la misma. 

Imaginemos que ven juntas una película a la semana, por ejemplo los viernes por la tarde, y dos o tres en periodos vacacionales: Esto da, más o menos, para unas setenta u ochenta películas al año, a lo que tenemos que añadir las que cada una de estas chicas ve por su cuenta, yendo al cine o en televisión. Supongamos, además, que, orientadas por alguien o guiándose por algún libro, eligen películas clásicas y de una calidad reconocida, y que suelen hacer un pequeño cinefórum tras cada film. E imaginemos, finalmente, que leen con regularidad alguna revista de cine, y que dentro de unos años empiezan a comprar libros de cine y a interesarse por los aspectos técnicos y más especializados del arte cinematográfico. Resulta evidente que este estrecho contacto con el universo del cine va a influir significativamente en sus vidas, y que va a contribuir de una manera decisiva en la formación de su sensibilidad humana y cultural.
 
Pues bien: creo que estas tres chicas que vi en la biblioteca de Cartagena han descubierto, sin saberlo, una forma de vida que podría beneficiar enormemente a nuestra sociedad y que podríamos llamar “comunidad cinematográfica”. Al hablar de la pasión por el cine, uno piensa de inmediato en Cinema paradiso, en el joven François Truffaut, en Woody Allen visionando una y otra vez las películas de Bergman. Sin embargo, también nos viene a la mente la impresión –compartida por muchos– de que, durante los últimos tiempos, el cine parece haber entrado en un claro proceso de decadencia. No es sólo que las salas de cine estén cada día más desiertas, víctimas del pirateo de cintas por Internet; no es sólo tampoco que ahora pongan sus esperanzas en las películas en 3D, como si ir al cine tuviera que convertirse en una mera experiencia sensorial como única forma para seguir atrayendo espectadores. Es que, más allá de todo esto, la relevancia social del cine para el hombre medio occidental parece disminuir sin descanso, a la vez que se incrementa la de formas de entretenimiento más elementales, como los videojuegos. Ciertamente, el cine sigue siendo importante para significativas minorías, que asisten a las salas con regularidad, tienen en casa nutridas videotecas y participan en los foros cinematográficos de Internet. Y, sin embargo, tengo la impresión de que, para el grueso de la población occidental contemporánea, el cine –sobre todo el cine clásico– es cada vez menos importante y hace tiempo que dejó de representar una escuela de vida.
 
Por supuesto, no tenemos de qué extrañarnos: si existe un consenso generalizado en que todos los aspectos de la cultura occidental atraviesan hoy una tremenda crisis, ¿por qué el cine iba a constituir una excepción? Se sigue produciendo y viendo mucho cine, sí; pero también existe mucho cine de enorme calidad que se ve cada vez menos, igual que se lee cada vez menos los clásicos de la Literatura. El cine, como la novela, tiende hoy a enfilar el sendero del simple espectáculo y a caer en la espiral diabólica del consumo: pues, en efecto, se consume hoy cine como se consume cultura en general.
 
Bien miradas las cosas, estamos dejando que se cometa un enorme despilfarro. Vamos a la sección de películas del FNAC o de El Corte Inglés y uno se asombra ante la enorme cantidad de films interesantes que allí se ofrecen, como un formidable material cultural, al potencial comprador. Sin embargo, luego permitimos que la esencia caotizante de nuestra cultura –la dispersión, siempre la maldita dispersión– impida proporcionar una forma concreta a la aventura de adentrarse en el universo cinematográfico. Y es ahí donde, según decía más arriba, esas tres adolescentes de la biblioteca vienen a proporcionarnos una preciosa pista en cuanto a lo que debemos hacer. Pues, en efecto, ellas, sin proponérselo, han constituido una especie de pequeña comunidad cinematográfica. Una película el viernes por la tarde, durante varios años. Cientos de conversaciones sobre los films que se ha visto, cientos de situaciones y de personajes comentados. Relaciones humanas, cuestiones existenciales, dilemas morales, épocas históricas. Escenas, ambientes, estilos visuales. Todo un mundo de senderos para el pensamiento al alcance de nuestra mano. Pequeñas comunidades en torno a una actividad cultural definida, como puede ser el que se vea una película y se discuta sobre ella cada viernes por la tarde. He ahí, en gran parte, la clave para transformar nuestro futuro.
 
Si nuestra sociedad recuperase esa imaginación que, desde un utopismo ingenuo pero no exento de valor, reivindicaban los jóvenes del 68, se daría cuenta de que el mundo del cine le ofrece la posibilidad de crear un potentísimo cauce de actividades culturales comunitarias, una forma estructurante de la vida individual y colectiva que aquí estoy llamando “comunidad cinematográfica”. Ciertamente, tales comunidades han existido y siguen existiendo, en los tradicionales cineclubs y en torno a las filmotecas que se han abierto en muchas de nuestras ciudades. Y, sin embargo, estoy pensando en otra cosa: en crear, como institución socialmente reconocida y con status propio, la “comunidad cinematográfica”.
 
Pongámonos en el año 2020, cuando, tras una crisis económica tremebunda y unas convulsiones sociales y políticas sin precedentes, la sociedad occidental al fin ha logrado salir de su actual marasmo y recuperar su antigua veneración por el mundo del espíritu. Entonces, entre otros muchos cambios sociales y culturales que están teniendo lugar, se produce el de institucionalizar socialmente las comunidades cinematográficas o “comunidades de amigos del cine”. Cuando varios chicos de quince años, tal vez asesorados por un profesor suyo del instituto, deciden entonces constituir una de tales comunidades, saben que tienen ante sí un largo camino, bien definido y estructurado. Ese camino está dividido en una serie de etapas: grado elemental, grado medio, grado superior, con sus correspondientes subdivisiones. En cada fase, la guía oficial de los Amigos del Cine establece una serie de películas que prescriptivamente hay que ver, aparte de las que de manera libre quiera añadir cada uno; y, además, se ofrecen valiosas indicaciones sobre el material adicional que puede utilizarse para hacer más provechoso el visionado de cada film. Luego, si uno quiere obtener el título oficial de “Amigo del Cine”, diversas instituciones –universidades populares, concejalías de cultura, institutos de bachillerato, cineclubs, filmotecas, facultades universitarias, revistas de cine, cadenas de televisión– colaboran para celebrar una especie de exámenes libres, como los de Oxford y Cambridge para obtener un certificado de inglés. Ahora bien: más allá de este posible título oficial –que luego se podría incluir en el curriculum como un valor añadido a la formación académica personal–, lo verdaderamente decisivo sería formar esas pequeñas comunidades de amigos que, con una regularidad periódica y un programa de películas inteligentemente diseñado, se reúnen semana tras semana y se sumergen en el universo del cine, para luego hablar y hablar sobre la película en una sala de estar o en algún acogedor rincón de una cafetería. Es decir, pequeñas comunidades de seres humanos que, ante la magia de una pantalla de cine, se zambullen en el misterio del mundo, del espíritu y de la vida.
 
¿Se imagina el lector cuáles podrían ser los “efectos colaterales” –positivos, desde luego– derivados de constituir estas comunidades cinematográficas que acabo de bosquejar? Desde luego, una revitalización extraordinaria del mundo del cine, convertido entonces, mucho más que hoy, en instrumento de vida comunitaria y de comunicación entre los hombres; y, como consecuencia, un significativo florecimiento –en último término, también económico- de la industria cinematográfica y de todo lo que la rodea, salas de cine incluidas. Pero, a mi modo de ver, el principal beneficio consistiría en la formación de un gran cauce o molde cultural, y de contacto humano profundo, entre los hombres. De manera que un adolescente de ese imaginario año 2020 del que hablo supiera que, si así lo decide, puede ingresar en el universo de las comunidades cinematográficas, y, en él, entrar en un mundo de historias y de apasionantes conversaciones –también de amistad, por supuesto- que tal vez será decisivo para su vida, y que no tiene por qué acabarse nunca.
 
Nuestro mundo, hoy tan anómico y desestructurado, necesita cauces vitales, formas estructurantes, senderos por los que adentrarse en una infinidad de aventuras individuales y colectivas. Necesitamos moldes, etapas bien definidas, caminos que nos impulsen a perfeccionarnos y que nos ayuden a configurar nuestra identidad (sería posible un “carnet de amigo del cine”). La conformación orgánica de las comunidades de amigos del cine cuyo apresurado boceto acabo de trazar representa sólo un ejemplo entre otros muchos posibles. En el fondo, lo que necesitamos es una sociedad “frondosa”, llena de abigarrados caminos existenciales que se entrecrucen e intercomuniquen entre sí. Para que todos recuperemos la extraordinaria dicha de estar juntos en torno a un propósito lleno de sentido. En último término, para que reaprendamos el hoy olvidado arte de vivir.

¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
en twitter


COMENTARIOS
lunes, 08 de junio de 2009

Amar el cine

Ernest no te limites tanto. El teatro es literatura, a todos los cinéfilos nos gusta. Pero el cine no es comparable pues tiene en su conjunto todas las artes, casi todas las expresiones culturales... y un poder de sugestión insuperable que el teatro no alcanza. Para engrandecerlo hay que liberarlo de partidismo. Y, ya que eso no es posible en la cantidad, si en la selección pues se ha unstrumentado para fines no siempre educativos- Por ejemplo, el soviético, que desarrolló el montaje aplicado a la propaganda comunista. Deberían crearse ´´cursos de espectador´´ a empezar desde la historia, la técnica y las diversas corrientes de producción... entre otros presupuestos básicos.

# Publicado por: Pedro Rizo (Madrid)
jueves, 28 de mayo de 2009

Menos cine y más teatro...

Si el autor del artículo realmente quisiera más contacto y más relación humana, debería abogar por el teatro más que por el cine. El cine no deja de ser un producto de la modernidad y de la subsiguiente TECNOLOGÍA que lo permite... Y con esto no quiero restar importancia artística y cultural al cine. Por cierto, para el año 2020 quizás todavía no, pero para más adelante lo más probable es que ya no exista energía disponible para tanta tecnología y el cine, que yo sepa, necesita de ELECTRICIDAD. Por eso, mejor empezar a apoyar al TEATRO, un arte escénico que tiene miles de años (y no sólo 100 como el cine) y para el que basta con unas antorchas o velas.

# Publicado por: Ernest (Madrid)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Antonio Martínez
¿Debe el mundo "hacerse más pequeño"?
Vivir en los árboles
Por qué la comunicación no basta
Un Bachillerato clásico del siglo XXI
¿A favor o en contra de Las Vegas?
¿Un nuevo horario en el instituto?
¿Neutrinos más rápidos que la luz?
¿Por qué la simpatía entre Franco y Dalí?
¿Qué está pasando realmente en Europa?
¿Necesita Europa un nuevo doctor Mabuse?
¿Deben las baloncestistas usar un atuendo "sexy"?
Lo que nuestros alumnos saben de Rusia
Viena fin de siglo, ¿paraíso perdido?
El mundo celta dentro de la Europa de las regiones
Europa, capital París
¡La hortografia no es kosa del puevlo!
¿Hay que volver a Stonehenge?
La Coca-Cola, ¿bebida sagrada de nuestro tiempo?
¿Sería mejor un mundo sin ovnis?
Zapatero, el orgullo infinito
¿Hay que volver a las viejas enciclopedias?
Empieza otro curso en el instituto
¿Hay demasiada gente sobre la Tierra?
¿Qué significa el mito de la Tierra Hueca?
René Guénon, ¿profeta de nuestro tiempo?
El toro, Cataluña y el alma de España
España en la hora de la verdad
¿Qué debemos hacer con el velo islámico?
¿Por qué nos fascina la interconexión global?
¿Qué había en los ojos de la muchacha afgana?
¿Por qué todo parece estar yendo a peor?
La carrera que yo habría querido hacer
¿Haría usted un testamento espiritual?
¿Es posible una nueva libertad educativa?
En busca del alma secreta de la ciudad
¿Es posible crear una "sociedad lúdica"?
¿Debe pedir perdón Wyoming a Hermann Tertsch?
¿Una Europa sin minaretes?
¿Quién es Fethullah Gülen?
Hipatia: vista desde el cristianismo
¿Por qué nuestros institutos se han quedado sin alma?
¿Por qué los finlandeses veneran tanto el latín
¿Es importante la astronomía en nuestra cultura?
Las góticas hijas de Zapatero
¿Qué hay detrás de la "batalla" de Pozuelo?
Las insensateces del "transhumanismo"
¿Tenemos demasiadas carreras universitarias?
¿Terminaremos todos con chilaba?
¿Ha ganado Rajoy las elecciones europeas?
¿Para qué diablos sirve la filosofía de Kant?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
Lejos de Itaca
Nuestro gran recurso natural
José Vicente Pascual
1 DOMINIQUE VENNER
El sentido de la muerte y de la vida
2 El suicidio heroico de Dominique Venner
3 JUAN PABLO VITALI
Saludo, desde el otro lado del mar, a Dominique Venner
4 JAVIER RUIZ PORTELLA
"Pero, ay, nuestra especie vaga en la noche"…
5 Dominique Venner: ¿Por qué escogió la catedral de Notre-Dame?




http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |
Copyright © 2013 El Manifiesto Digital, S.L.