''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Martes, 21 de mayo de 2013 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier Ruiz Portella  
Intervención extranjera en la guerra civil
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella
Revistas Baratas


JAVIER RUIZ PORTELLA
"Pero, ay, nuestra especie vaga en la noche"…

DAMIÁN RUIZ
España y el catalanismo político

JOSÉ VICENTE PASCUAL
Tecnoflautas
Firme el manifiesto
 Revistas Baratas
 Vinotecas
 Psicólogos Madrid
 Psicólogos Mundo
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
DIARIO DE UN EMBOSCADO
El hombre de la maza y la libertad primordial

JOSÉ JAVIER ESPARZA

2 de marzo de 2009
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JOSÉ JAVIER ESPARZA

Ha dado la vuelta a España –y a Europa– la imagen de ese ciudadano vasco que ha roto a mazazos una "Herriko taberna" después de que los proetarras destruyeran su casa. Al calor de esas imágenes se ha planteado un problema elemental de ética política: ¿ese hombre ha hecho bien o ha hecho mal? Una sociedad sorprendentemente domesticada parece inclinada a pensar que ha hecho mal. Otros, por el contrario, creen que la actitud de ese hombre es muy lógica: ha aplicado un principio elemental de autodefensa, es decir, de defensa de la propia libertad, frente a un enemigo cuyos desmanes quedan siempre impunes. Materiales para el debate.


Hay un cierto tipo de libertad que se lleva dentro: la libertad primaria, la libertad elemental, la que da lugar después a todas las teorías y a todas las filosofías. Esa libertad originaria puede enunciarse así: “Yo soy mi dueño”.

Al mismo tiempo, la vida en comunidad nos empuja a recortar o, más exactamente, a modelar esa libertad y adaptarla a las cosas. Cedemos parcelas de libertad en beneficio de la pareja, en beneficio de la prole, en beneficio del prójimo; también obligados por la supervivencia y empujados por el deseo de seguridad. Este sacrificio de la libertad personal en beneficio de la comunidad es tan elemental y originario como la libertad primera: forma parte de la esencia misma de la naturaleza humana, que no es ni individualista ni colectivista, sino que perpetuamente busca un equilibrio entre esos dos polos. Jünger lo expresaba como una tensión eterna entre el “organismo”, que por naturaleza tiende a la libertad singular, y la “organización”, que por naturaleza tiende a la seguridad colectiva.
 
El sacrificio de la libertad no es en sí mismo un mal; siempre y cuando sea voluntario. Hay pocas cosas más excelsas que el sacrificio voluntario de la libertad personal en el altar de un bien superior: un ideal, un proyecto comunitario, el amor al prójimo, la supervivencia de la comunidad… El altruismo no es otra cosa que eso: una forma elevada de decir “yo soy mi dueño” –tan elevada que se eleva por encima del propio yo. Pero para que sea tal, siempre es imprescindible el requisito de la voluntad; si no, si el sacrificio de la libertad es impuesto, entonces nace la injusticia.
 
En sociedades como la nuestra –desarrolladas, tecnificadas, artificiales, donde se ha perdido ya de vista el sentido originario tanto de la libertad como del sacrificio–, no siempre es fácil ver dónde queda la libertad. Hemos entregado nuestra supervivencia a estructuras anónimas –el mercado, el sistema de producción, el ámbito laboral– y hemos entregado nuestra seguridad a construcciones sin rostro –el Estado, que se arroga el monopolio legal de la violencia. Nos queda, empero, un reducto inviolable de libertad que es la conciencia, lo cual no se reduce a los pensamientos en nuestro fuero interno, sino que se extiende a lo moral, al sentido que damos a nuestra vida y a la vida de los nuestros. Ese último reducto no podría sacrificarse sin caer en un auténtico suicidio moral. Por eso es tan importante la objeción de conciencia a un intento de adoctrinamiento estatal como es la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, por ejemplo. Pero de esto hablaremos otro día.
 
Y bien: ¿qué ocurre si aquellas estructuras anónimas a las que hemos entregado parcelas importantes de nuestra libertad –nuestra supervivencia física, nuestra seguridad– no ejercen su función? ¿Qué ocurre cuando nuestra supervivencia y nuestra seguridad quedan expuestas a la depredación de un tercero, individual o colectivo? En principio, la Justicia debería funcionar para remediar el problema. Pero si la Justicia no actúa, entonces la persona queda desamparada. Y a una persona desamparada es difícil negarle el derecho a la autodefensa. Por volver a los términos de Jünger: cuando la organización no funciona, el organismo debe defenderse por sí solo. No es sólo su derecho; es también su deber.
 
Vamos ahora al caso del hombre de la maza. En cualquier otra parte de España, su actitud habría merecido discusión: hay que confiar en la acción de la policía y los tribunales. En el País Vasco, no. Todos sabemos que en el País Vasco hace muchos años que una minoría violenta depreda la supervivencia y la seguridad ajenas sin que el Estado –la “organización”– actúe de manera suficiente. Más aún: la violencia de esa minoría parece haberse convertido en parte del paisaje, como si la casta política dominante contara con ese elemento perturbador dentro de su propia estrategia de poder. En una situación así, ¿quién tiene verdaderamente derecho a reprobar una defensa primaria de la libertad personal?
 
Sólo una sociedad definitivamente domesticada puede sentirse amenazada por un gesto de libertad: a las gallinas siempre les humilla la sombra de las rapaces. El problema de la sociedad española en general, y de la sociedad vasca muy en particular, es que estamos irremediablemente domesticados. La atmósfera del establo sería tolerable –no digo que hermosa; simplemente tolerable– si el granjero se preocupara por nuestro bienestar. No lo hace. Y si no lo hace, nadie tiene derecho a impedirnos que rompamos las cadenas.
 
El problema no es que un hombre haya roto un bar con una maza; el problema es que quien tiene que defender a ese hombre ha abdicado de su función. No es una circunstancia nueva en la historia del género humano: cuando el orden colectivo fracasa, por ineficaz o por injusto, es legítimo buscar en la libertad singular una forma alternativa de orden. Éste es hoy el caso.

¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos:
en twitter


COMENTARIOS
domingo, 08 de marzo de 2009

Mis felicitaciones al Sr. del mazo

Sencillamente, hizo lo que un hombre con honor debía hacer. Si hubiera muchas más personas así en el País Vasco, los chulos de HB no andarían tan tranquilos como ahora

# Publicado por: José (BCN)
sábado, 07 de marzo de 2009

el joven de la maza

Colosal Sr. Esparza.A las izquierdas y derechas en general, les entra el telele cuando alguien rompe los esquemas establecidos y defiende la libertad concreta y básica y, de facto, les considera responsables del desaguisado.¿A quien le va a tocar bailar con la mas fea?.No creo que esto tenga solución con los votos.Qien va a romper el satatu quo?
Esperar para ver y, mientras tanto permanecer en pié ante un mundo en decadencia.

# Publicado por: ferdinan (madrid)
martes, 03 de marzo de 2009

comentario acertado

ESTE SEÑOR HACE UN COMENTARIO ACERTADO SOBRE LA ACTUACON DE ESTE JOVEN VASCO, ACTUACION QUE COMPARTO TOTALMENTE Y QUE POR DESGRACIA NO SE DE CON MAS FRECUENCIA Y SEÑALE A PERSONAS RESPONSABLES EN EL MENSAJE.
LA AUTORIDAD EN CATALUÑA Y PAIS VASCO NO EXISTE, LA LIBERTAD TAMPOCO; EN LAS DOS COMUNIDADES SOLO EXISTEN UNAS ORGANIZACIONES DE PODER QUE CONTROLAN TODO AL CIUDADANO Y CONVIRTIENDOLO EN MERSO SUJETOS PARA EL TRABAJO Y EL ELINEAMIENTO POR EL CAMINO SEÑALADO Y CON LAS CONSIGNAS Y GESTOS QUE SE LES ORDENA. EL HOMBRE LIBRE NO EXISTE, LA LIBERTAD TAMPOCO Y LA DEMOCRACIA.............JAJAJAJAJAJAJA

# Publicado por: juan martin (malaga)
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de Diario de un emboscado
Aborto: razones para un no
Contra la "Educación para la Ciudadanía", derecho a la desobediencia
Lo de Gaza
Miseria del antisistema
Urinarios digitales. O la disolución del Mal
¿Degeneración? ¡Regeneración!
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
Lejos de Itaca
El hombre que compraba gigantes
José Vicente Pascual
1 Alabados sean los gays
2 La gran Rusia, ¿esperanza de Europa?
3 DAMIÁN RUIZ
España y el catalanismo político
4 El hombre que compraba gigantes
5 JAVIER RUIZ PORTELLA
"Pero, ay, nuestra especie vaga en la noche"…




http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |
Copyright © 2013 El Manifiesto Digital, S.L.