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DIARIO DE UN EMBOSCADO

El hombre de la maza y la libertad primordial


Ha dado la vuelta a España –y a Europa– la imagen de ese ciudadano vasco que ha roto a mazazos una "Herriko taberna" después de que los proetarras destruyeran su casa. Al calor de esas imágenes se ha planteado un problema elemental de ética política: ¿ese hombre ha hecho bien o ha hecho mal? Una sociedad sorprendentemente domesticada parece inclinada a pensar que ha hecho mal. Otros, por el contrario, creen que la actitud de ese hombre es muy lógica: ha aplicado un principio elemental de autodefensa, es decir, de defensa de la propia libertad, frente a un enemigo cuyos desmanes quedan siempre impunes. Materiales para el debate.
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JOSÉ JAVIER ESPARZA

Hay un cierto tipo de libertad que se lleva dentro: la libertad primaria, la libertad elemental, la que da lugar después a todas las teorías y a todas las filosofías. Esa libertad originaria puede enunciarse así: “Yo soy mi dueño”.
Al mismo tiempo, la vida en comunidad nos empuja a recortar o, más exactamente, a modelar esa libertad y adaptarla a las cosas. Cedemos parcelas de libertad en beneficio de la pareja, en beneficio de la prole, en beneficio del prójimo; también obligados por la supervivencia y empujados por el deseo de seguridad. Este sacrificio de la libertad personal en beneficio de la comunidad es tan elemental y originario como la libertad primera: forma parte de la esencia misma de la naturaleza humana, que no es ni individualista ni colectivista, sino que perpetuamente busca un equilibrio entre esos dos polos. Jünger lo expresaba como una tensión eterna entre el “organismo”, que por naturaleza tiende a la libertad singular, y la “organización”, que por naturaleza tiende a la seguridad colectiva.
El sacrificio de la libertad no es en sí mismo un mal; siempre y cuando sea voluntario. Hay pocas cosas más excelsas que el sacrificio voluntario de la libertad personal en el altar de un bien superior: un ideal, un proyecto comunitario, el amor al prójimo, la supervivencia de la comunidad… El altruismo no es otra cosa que eso: una forma elevada de decir “yo soy mi dueño” –tan elevada que se eleva por encima del propio yo. Pero para que sea tal, siempre es imprescindible el requisito de la voluntad; si no, si el sacrificio de la libertad es impuesto, entonces nace la injusticia.
En sociedades como la nuestra –desarrolladas, tecnificadas, artificiales, donde se ha perdido ya de vista el sentido originario tanto de la libertad como del sacrificio–, no siempre es fácil ver dónde queda la libertad. Hemos entregado nuestra supervivencia a estructuras anónimas –el mercado, el sistema de producción, el ámbito laboral– y hemos entregado nuestra seguridad a construcciones sin rostro –el Estado, que se arroga el monopolio legal de la violencia. Nos queda, empero, un reducto inviolable de libertad que es la conciencia, lo cual no se reduce a los pensamientos en nuestro fuero interno, sino que se extiende a lo moral, al sentido que damos a nuestra vida y a la vida de los nuestros. Ese último reducto no podría sacrificarse sin caer en un auténtico suicidio moral. Por eso es tan importante la objeción de conciencia a un intento de adoctrinamiento estatal como es la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, por ejemplo. Pero de esto hablaremos otro día.
Y bien: ¿qué ocurre si aquellas estructuras anónimas a las que hemos entregado parcelas importantes de nuestra libertad –nuestra supervivencia física, nuestra seguridad– no ejercen su función? ¿Qué ocurre cuando nuestra supervivencia y nuestra seguridad quedan expuestas a la depredación de un tercero, individual o colectivo? En principio, la Justicia debería funcionar para remediar el problema. Pero si la Justicia no actúa, entonces la persona queda desamparada. Y a una persona desamparada es difícil negarle el derecho a la autodefensa. Por volver a los términos de Jünger: cuando la organización no funciona, el organismo debe defenderse por sí solo. No es sólo su derecho; es también su deber.
Vamos ahora al caso del hombre de la maza. En cualquier otra parte de España, su actitud habría merecido discusión: hay que confiar en la acción de la policía y los tribunales. En el País Vasco, no. Todos sabemos que en el País Vasco hace muchos años que una minoría violenta depreda la supervivencia y la seguridad ajenas sin que el Estado –la “organización”– actúe de manera suficiente. Más aún: la violencia de esa minoría parece haberse convertido en parte del paisaje, como si la casta política dominante contara con ese elemento perturbador dentro de su propia estrategia de poder. En una situación así, ¿quién tiene verdaderamente derecho a reprobar una defensa primaria de la libertad personal?
Sólo una sociedad definitivamente domesticada puede sentirse amenazada por un gesto de libertad: a las gallinas siempre les humilla la sombra de las rapaces. El problema de la sociedad española en general, y de la sociedad vasca muy en particular, es que estamos irremediablemente domesticados. La atmósfera del establo sería tolerable –no digo que hermosa; simplemente tolerable– si el granjero se preocupara por nuestro bienestar. No lo hace. Y si no lo hace, nadie tiene derecho a impedirnos que rompamos las cadenas.
El problema no es que un hombre haya roto un bar con una maza; el problema es que quien tiene que defender a ese hombre ha abdicado de su función. No es una circunstancia nueva en la historia del género humano: cuando el orden colectivo fracasa, por ineficaz o por injusto, es legítimo buscar en la libertad singular una forma alternativa de orden. Éste es hoy el caso.
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| COMENTARIOS |
| sábado, 07 de marzo de 2009 |

Comentario a Gandija  |
 ¿Cuando aprenderemos que el fin no justifica los medios? Apréndelo tú si te gusta y no subestimes las acciones de los demás con frases hechas. A mí personalmente, no me merece la pena vivir sometido. A partir de esta premisa en todo su alcance, hazte una idea de los medios que utilizaré para evitar cualquier forma de imposición. Tú haz lo que te plazca, yo no soy quien para decirte como debes conducir tu vida.
# Publicado por: Rafael
(Sevilla)
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| jueves, 05 de marzo de 2009 |

el principe  |
 el fin no justifica los medios; ¿cuando aprenderemos algo tan basico? .
# Publicado por: gandija
(playa gandia)
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| martes, 03 de marzo de 2009 |

Justicia  |
 Aplicando la misma clase de justicia: Si los terroristas andan sueltos, este hombre apenas merece que se le afee su conducta.
# Publicado por: Lostrego
(Madrid)
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| martes, 03 de marzo de 2009 |

¡MADERA!  |
 Creo que ha hecho muy bien en atacarles con valor pues donde se dan se toman
# Publicado por: LA ESPADA DE PELAYO
(ASTURIAS)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

sentido comun  |

Sociedad domesticada, si ... y con poco sentido común. Le daran mil vueltas al asunto, pero solo se me ocurre que este vasco actuo en legitima defensa. Con furia justificada, con dignidad y coraje.
# Publicado por: Jose David
(Madrid)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

fuerza común  |
 Desde el punto de vista de ese hombre que ve como unos hijos de satanás destrozan su casa sin pararse a imaginar que podía haber seres humanos dentro de ella que murieran, es perfectamente entendible su reacción. Como también lo sería que el padre de M Luz intentara acabar con la vida del degenerado que mató a su niña. Pero señor Esparza, sea usted consecuente con la responsabilidad que tiene, con el poder que le otorga poder expresar sus opiniones en un medio de comunicación, no aliente la Ley del Talión. El camino va por lo que dice Luis Estivi, por la organización, el esfuerzo común contra esta lacra.
# Publicado por: echanove
(madrid)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

¿SOLO EN VASCONGADAS NO HAY LIBERTAD?  |
 De acuerdo totalmente con su articulo, pero ¿solo falta libertad en Vascongadas? Donde dejamos a Cataluña con la brutal imposición lingistica, que no atiende a las sentencias de los tribunales. Donde dejamos al resto de España, bajo la tirania de Educación para la Ciudadania, con la negación a la objeción de conciencia, aunque si se pueda objetar, explicitamente a aquello que se considere tiene caracter de adoctrinamiento en la asignatura. NADA MAS HERMOSO QUE SER SIERVO DE TUS SEMEJANTES EN ARAS DEL BIEN COMUN, NADA MAS REPUGNANTE QUE SER REDUCIDO A LA ESCLAVITUD, POR LA ARBITRARIEDAD OPRESORA.
# Publicado por: José Manuel Núñez Royo
(Alcañiz)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

Ahora viene lo peor  |
 No sé que hubiera hecho yo en el lugar de este hombre. Lo cierto es que su calvario no ha hecho más que empezar. Esos degenerados que en nombre de su propio egoismo han destrozado su casa, han dinamitado algo más en esa persona y en todas las demás. No sólo no tiene hogar, si no que ha tenido que abandonar él y los suyos, su pueblo, su entorno, su cultura... y esconderse como ratas a la espera de que la tormenta pase y esos gatos de raza vasca se olviden de ellos. Ahora empieza para esas pobres gentes un exilio inmerecido. Pensándolo mejor creo que yo no sólo hubiera destruido a mazazos la taverna, creo que si hubiera podido habría destrozado el alma putrefacta de esos indeseables.
# Publicado por: Mariu
(Cáceres)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

Magistral  |
 la masa se queda con las consecuencias de los hechos, pero pocos se atreven a indagar en las causas que conducen a ciertas acciones, que sin estar bien, es la única solución posible. Muchos nos hemos encontrado en esa situación. ¡Quiero una maza!
# Publicado por: llorens Cupí
(valencia)
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| lunes, 02 de marzo de 2009 |

Organizacion de los vascos decentes  |
 lo que falta entre los vascos decentes es la organización que tiene los vascos indecentes asesinos con tiro en la nuca y mutiladores de niñas; cualquier esfuerzo social cristaliza a traves de la organizacion, por eso a los proetarras les va tambien, estan muy bien organizados; desde las instituciones democraticas deberia fomentarse la organizacion social de los antietarras, para que actos como el del hombre de la maza no sean esfuerzos aislados y se acabe con la impunidad de los dictadores cobardes del terror
# Publicado por: Luis estivi
(Lugo)
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